El blog de
Javier García Aranda

A Toñi, mi correctora por excelencia.
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Aviso a navegantes

Si tiene algún trauma porque nunca ha tenido uno, no lea mi primer luisvi.

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Morir junto a la isla de los Faisanes no es el título de una novela, es la descripción de una tragedia.

Una anécdota de los tiempos oscuros: imposible el alemán.

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Reflexiones, opiniones, tesis, epístolas, notas y escritos de diversa índole, que recogen puntos de vista captados desde diferentes perspectivas.

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Textos sobre deporte, elaborados desde el bagaje de décadas de dedicación profesional. La mayoría son de opinión; algunos, un poco más técnicos.

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Crónicas de un hombre serio

Vivencias, episodios y anécdotas en el límite entre la vida pública y la privada.

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¿Quién es Javier García Aranda?

No creo que la lectura de un necesariamente sucinto y poco matizado currículum vitae proporcione una descripción interesante del devenir de una persona por la vida. Al menos en mi caso no me siento identificado con un retrato exprés que diga que nací en 1953, que soy licenciado en Ciencias Físicas (y eterno estudiante de Ciencias Sociales), y que he sido profesor de matemáticas y física, sindicalista en los años de la transición y, durante décadas, técnico de deportes en la administración pública. Así que, si realmente quieres saber algo sobre mí, te sugiero que leas Breve historia de la vida pública de jga y ¿Quién ha dicho que siete años no son nada?.

Últimos textos publicados

Mi primer luisvijunio 2021

Atónito me he quedado cuando he escuchado el sucedido. Lo han contado en el programa de radio que tenía sintonizado como runrún de fondo del desayuno. Se trata de un vídeo que una señora ha colgado en una red social, donde la gente exhibe las chuminadas que va haciendo durante el día, para que todo el mundo pueda contemplarlas. Lo que vulgarmente se llama hacer el chorra con ventanas a la calle.


La autora del video es una madre contentísima de lo buena estudiante que es su hija y el leitmotiv de la historia, el regalo sorpresa que la primera le ha hecho a la segunda tras haber sido informada por esta de que la “sele” le ha salido superbién. (No me he enterado de qué iba el logro académico de la interfecta hasta que han aclarado que se trataba de la antes conocida como “selectividad”, o sea, lo que ahora se denomina EBAU, acrónimo cuyo significado solo conocen quienes tienen vástagos en edad de irse de Erasmus en cuanto remita la pandemia.) 

Tras un preámbulo de serial radiofónico de mediados del siglo XX, la madre amantísima comunica a la hija que le ha enviado una foto del regalo a través de otra red social. Teléfono en ristre, la niña busca la imagen, e inmediatamente comienza a hacer pucheros. La progenitora, con mirada entusiasta y cómplice, anima a su criatura a dejarse de hipos y a articular alguna frase inteligible para poder completar el vídeo aprovechando el momento-mechero (o, en plan más tecnológico y postabaco, el momento-linterna-del-móvil). Por fin, sin poder contener las lágrimas, la niña exclama: “¡mi primer luisvi!”. 

Según cuenta el de la radio, en ese momento aparece en el vídeo la imagen del regalito. Y para dar a la historia suspense radiofónico y estimular la imaginación del oyente, el susodicho relator se lanza a hacer alusiones de despiste sobre el término luisvi incluido por la jovencita en su exclamación (entre ellas -¡toma estímulo!- hasta hace referencia a cierto Borbón, antepasado del Rey actual y, obviamente, también del emérito). Finalmente, decidido a acabar con el suspense, da la pista supuestamente definitiva: el regalo que aparece en la imagen del vídeo es ni más ni menos que un bolso. 

Les juro que ni por esas conseguía desentrañar el enigma. Perplejo, y con la sensación de seguir en estado onírico, he tenido que esperar al siguiente comodín. Y todavía después de que he conseguido entender que la criatura había llamado luisvi al bolso por tratarse de un ejemplar de la marca Louis Vuitton, he tardado un tiempo en comprender el alcance de añadir “mi primer…” a la cariñosa y familiar denominación del bolso. Solo cuando el de la radio ha dicho que el zurrón podía costar unos 3000 mortadelos me he percatado del simbolismo iniciático que el regalito tenía para la hija de su madre.

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