“En una enumeración de los grandes temas de nuestro tiempo no podría faltar el deporte. [...] No porque haya de situarse entre los quehaceres más importantes del hombre, sino porque verdaderamente es uno de los sucesos representativos de nuestra época”.

José M. Cagigal; ¡Oh deporte! (Anatomía de un gigante); Miñón, 1981

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Los datos del deportejunio 2024

Los partidos políticos EAJ-PNV y PSE-EE, en el pacto suscrito para gobernar el Ayuntamiento de Donostia durante el periodo 2023-2027, acordaron “la renovación de los equipamientos de la ciudad deportiva de Anoeta y adaptar Illunbe como el pabellón multiusos que necesita Donostia” (apartado 3, p. 85). El señor Pradales, que pronto será investido lehendakari del Gobierno Vasco, con la euforia de haber lucido la camiseta del Athletic bogando junto a la gabarra, anunció que “Anoeta Berri (sic) será el principal complejo deportivo integral de Euskadi y uno de los más avanzados del sur de Europa” (elDiario.es, 12-4-2014). Recientemente, el periodista Bruno Parcero ha publicado el reportaje Un plan renove para Anoeta (EL DIARIO VASCO, 2-6-2024), con un subtítulo contundente: “Obsoletas. La mayoría de instalaciones languidecen mientras crece la práctica deportiva en la ciudad y siguen llegando los éxitos de sus clubes”.

Mientras las instituciones implicadas (a las aludidas hay que añadir a la Diputación Foral de Gipuzkoa) toman decisiones sobre el asunto, es interesante dirigir la atención hacia los datos a los que se hace referencia en el reportaje para, en contraste con la decadencia de los equipamientos deportivos de Anoeta-Illunbe, subrayar el auge de la práctica deportiva entre la población donostiarra. Son datos que, como señala el periodista, aparecen en la Memoria anual del año 2023 de Donostia Kirola, organismo autónomo que gestiona el deporte en la ciudad: el 70,5% de los hombres y el 76,1% de las mujeres donostiarras hacen deporte. ¡Ahí es nada!


La ausencia de datos contrastados es un mal endémico del deporte. Lo era en 1979, cuando se celebraron las primeras elecciones municipales tras la dictadura franquista y los ayuntamientos se pusieron a la tarea de hacer que el deporte dejase de ser una actividad reservada a un núcleo reducido de la población. Y, en general, lo sigue siendo 45 años después, cuando se presume de que el deporte ha pasado a ser para todas y todos. La consecuencia de carecer de datos fiables es que en el deporte las decisiones -incluidas las que afectan a la planificación y el diseño de equipamientos deportivos- se siguen tomando sin saber a ciencia cierta cuáles son las necesidades y aspiraciones reales de la población. Esto no ocurre solo en Donostia, pero, siquiera a modo de ejemplo, es interesante analizar cómo son los datos del deporte que se manejan en una ciudad con una indiscutible tradición deportiva.

Las cifras de práctica deportiva que se citan en el reportaje periodístico tienen su origen en la denominada Encuesta de hábitos deportivos 2021. Sin entrar a analizar sus características técnicas, es relevante señalar que, en primera instancia, dicha encuesta considera que hace deporte cualquier donostiarra entre 15 y 80 años que realiza “una práctica mínima media de una sesión semanal de al menos 30 minutos de duración”. Aunque no son citados en el reportaje, la encuesta también proporciona datos sobre “el porcentaje de población que realiza actividad fisico-deportiva al menos 150 minutos a la semana”, que es el tiempo mínimo que recomienda la Organización Mundial de la Salud. A ese nivel de práctica llegarían el 65% de las mujeres y el 61% de los hombres donostiarras. No obstante, las cifras deben ser matizadas, ya que, como señala la propia encuesta, una tercera parte de los hombres y más de la mitad de las mujeres declaran que su principal actividad deportiva es caminar.

Sin que ello suponga minusvalorar la importancia de una actividad tan saludable, considerar que caminar 30 minutos a la semana es hacer deporte no es una conclusión deportivamente razonable. En cualquier caso, los datos de la encuesta anteriormente señalados (y algunos otros que ponen en duda que la información recogida se haya interpretado adecuadamente) no parece que tengan demasiada utilidad, ni para el diseño de la política deportiva de la ciudad ni como instrumentos de análisis para las entidades que ofrecen deporte a la ciudadanía (centros educativos, clubes, empresas de servicios deportivos).

Lo anterior es debido, en primer lugar, a que en el deporte lo más habitual es que la oferta vaya por delante de la demanda; es decir, las personan no hacen el deporte que elegirían si tuvieran una oferta ilimitada, sino que, en general, optan por el repertorio de actividades que se les ofrece en su entorno más próximo. Y, en segundo lugar y sobre todo, porque utilizar la edad y el sexo como únicas variables para diferenciar a las personas (que es lo que hace la encuesta) no permite una segmentación adecuada de la población para analizar su grado de actividad deportiva real o potencial. En efecto, en la sociedad actual (y particularmente en el caso donostiarra), no se pueden dejar de lado otras variables, tales como la condición socioeconómica, el tipo o grado de discapacidad y/o dependencia, el género no binario o el itinerario deportivo.

Post scriptum: Con el panorama descrito, el único consuelo que le queda a la ciudadanía donostiarra en lo que respecta a los datos del deporte es que, salvo honrosas excepciones, en otras partes tampoco lo hacen mucho mejor. Como dice el falso refrán: “mal de muchos,… ¡epidemia!”

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