Crónicas de un hombre serio  /  Anecdotario

La gata sobre el tejado de zinc calienteoctubre 2020

Los maullidos se han hecho tan notables y persistentes que he decidido investigar. El resultado de las pesquisas es estremecedor. Como todas las de su especie, la gata de mis desvelos es una hembra poliéstrica estacional de días largos (sic). Traducido: salvo que haya coyunda satisfactoria y con consecuencias, tendrá un ciclo de celo tras otro, con breves intervalos de descanso vecinal, mientras la duración del día le parezca suficientemente larga. 

En pleno otoño, hablar de días largos es una entelequia. Pero, según dicen quienes saben del régimen sexual gatuno, la cosa puede tener mal arreglo. Porque, si por mor de la buena alimentación y la abundante luz artificial, una gata urbanita considera que los días son suficientemente plácidos como para tener ganas de jarana, sus grititos de confeso deseo pueden extenderse durante todo el año. 

Debo reconocer que he empezado a preocuparme, porque, dado que sus desconsolados lamentos de hembra insatisfecha se escuchan incluso en lo más profundo de la noche, he soñado que la gata más sugerente anda gateando sobre los tejados colindantes. Los aficionados al cine clásico saben que la paseante nocturna no puede ser otra que la felina protagonista de La gata sobre el tejado de zinc caliente.

Por cierto, en la versión española -eran los tiempos del Spain is different- se omitió del título el “hot” que aparecía en el original en inglés ¿No será que los dueños y/o dueñas de la gata de mi calle pertenecen a la misma secta de quienes lo suprimieron? ¡Hay que tener la mente sucia para pensar que gatear sobre una chapa de zinc calentada por los rayos del sol puede generar pensamientos libidinosos! O quizás no tanto…

 

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