Crónicas de un hombre serio  /  Anecdotario

La siguiente será peorjulio 2020

La serie televisiva The Crown narra con pulcritud las vicisitudes de la monarquía y la política británicas durante el reinado de Isabel II. Entre ellas, el final de la trayectoria pública de Winston Churchill (1874-1965), uno de los políticos más relevantes del siglo XX. El hilo conductor del relato es el homenaje que le rindió el Parlamento británico en su 80 cumpleaños, poco antes de dejar su cargo como primer ministro. Es un dato contrastado que el regalo que recibió, un retrato pintado por Graham Sutherland, no gustó a Churchill. A su entender, la imagen plasmada en aquel cuadro no hacía honor a un estadista de su talla. Aunque la idea inicial era que, tras su muerte, fuera colgado y expuesto al público en la Abadía de Westminster, el cuadro -que había sido financiado con dinero público- nunca llegó a su destino. Se da por hecho que fue destruido por el entorno del propio Churchill, ante su deseo de no legar a las siguientes generaciones la imagen de un venerable anciano de ochenta años: él quería pasar a la historia como la persona que había liderado la resistencia del pueblo británico ante el nazismo, con la sola promesa de que lo que le esperaba en aquella lucha era “sangre, sudor y lágrimas”

La postura de Winston Churchill ante el cuadro es escenificada en un diálogo entre el político y el pintor. El primero culpa al artista de haberlo retratado con excesivo realismo, sin recoger en la imagen su recorrido como hombre público y la dignidad de su cargo de primer ministro. El segundo le explica que, con el paso del tiempo, las personas no se ven a sí mismas como realmente son, sino como eran anteriormente. Concluye su argumentación con una frase definitiva: la edad es cruel”. En ella está elíptica una aclaración obvia: un retrato realista de un hombre de ochenta años, afectado además por graves achaques, no puede reflejar la imagen de un guerrero joven y vigoroso, aunque el retratado lo haya sido en una época anterior y, en cierta medida, en su fuero interno lo siga siendo. 

Pocas horas antes de ver la escena descrita, mi amigo Josemi Unanue me había dado una interpretación actualizada y mucho más ocurrente de la disonancia que nos genera a las personas mayores ver reflejada nuestra imagen real en un retrato. La diferencia con la postura de Churchill radica no solo en que todos los pronósticos anuncian que llegará a los ochenta en mucha mejor condición física que el insigne inglés, sino en tener claro que la aceptación de la llegada de la vejez y las inevitables consecuencias del paso de los años no implica una actitud ante la vida ni sumisa ni resignada ni mucho menos amargada. 

Los hechos habían ocurrido en la renovación del carné de conducir. Tras haber superado las pruebas para demostrar su capacitación física y psíquica, llegó el momento de hacer la correspondiente foto digital, que se inserta directamente en el documento. Mi amigo lleva años constatando que las sucesivas fotografías recogen cada vez peor el guerrero que él conserva en su memoria y no esperaba que en esa ocasión el resultado fuera mejor. Por eso se sorprendió cuando le enseñaron la imagen que salía en la pantalla y le preguntaron si deseaba cambiar de pose. Tras rechazar la sugerencia y aceptar implícitamente el veredicto de la cámara, Josemi Unanue añadió, con ironía, una versión actualizada de la explicación recibida por Winston Churchill de boca de su retratista: la siguiente será peor”. El fotógrafo le pidió permiso para quedarse con la frase.

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