Crónicas de un hombre serio  /  Anecdotario

La tarjeta de Nochebuenadiciembre 2019

Se repite la escena de cada año. Último toque a los entremeses. Van llegado lxs comensales, que tratan de pasar de soslayo sus regalos. De fondo, el ciudadano Felipe que, después de su borboneo (1) del 3 de octubre de 2017, baja su nivel para Catalunya a preocupación y Bon Nadal. Noche de Paz. Gobierno de republicanos en ciernes. Las cenas de Nochebuena tienen fama de ser un foro de debates innecesarios. En nuestra casa -me temo que también en otras muchas- el punto álgido ha sido la polémica sobre el último éxito de la mercadotecnia: el succionador de clítoris. Noche de Amor.

En realidad, podía haber sido trending topic la pregunta de Xabi (hijo mayor) a Leyre (hija mayor; enfermera): a ver a cuánta gente había visto morir, adornado el asunto con la consiguiente explicación de lo que hay que hacer justo después; eso que no sale en las películas cuando alguien entrega la cuchara, como bien apuntilla Toñi (mi mujer). Esto mientras el personal engulle jamón y gambones, y Aldana, la pareja de Mikel (hijo menor), clama a sus antepasados vascos (es compatriota de Messi; un buen preludio para el final de esta historia) y pide que el tema se dé por concluido. Aunque sólo queda pospuesto hasta la comida de Navidad.

Con la salsa de los txipirones rebosando por la comisura de los labios, Xabi, especialmente inspirado para la ocasión -¡hay que ver lo que desinhiben los cefalópodos!-, introduce el tema nuclear de la noche. Según datos fehacientes recogidos a través de las encuestas caseras habituales, todo aquel que lleve más de ocho años con su pareja y diga que hace el amor más de una vez a la semana miente como un bellaco. La conclusión es que, la frecuencia de coitos aproxima a lxs jóvenes (la cota superior de la horquilla de edad la dejo a su elección, pero ya debe estar en los 40), a las costumbres de sus coetáneos del lejano y longevo Imperio del Sol Naciente: nada de sexo aburrido, monótono y guarrete; para orgasmos, suficiente con el aséptico succionador o sus equivalentes; para una buena velada, series televisivas; y para la ternura -añado- un lindo gatito, o gatita.

Y así llegó la polémica. Dicen que está haciendo furor (me ahorro el chiste fácil), que lo mismo sirve para un roto que para un descosido. El nuevo símbolo (sic) del empoderamiento de las mujeres. Aunque algunas lo ven con escepticismo y cierto hartazgo de que quienes dominan el mercado aprovechen cualquier oportunidad para colocar lo que dicen que nos hace falta. Al menos es la opinión de las más veteranas, las que ya eran feministas en los 80, de las que mi mujer, Toñi, se erige en vocera: ahora venden el succionador para señoras (2) como mañana tocará, con la misma excusa -o con la contraria- poner en el número uno de las ventas la vagina succionadora (que hace años que existe en el mercado).

Con la seguridad que proporciona ser de Rentería y haber vivido una preadolescencia en la que una de las distracciones era ir a apostarse en las laderas de la vaguada en la que se celebraban las asambleas del pueblo y se planificaba la siguiente mani, Toñi se lanza a rematar el asunto. Y, con ironía y en plan nochebuenero, dice que, puestas a practicar el solipsismo sexual, lo de los hombres siembre ha sido manual, pero que lo de las mujeres ya era digital desde el origen de los tiempos. Y que menos cuento, caperucitxs, que lo que tienen que hacer algunas es decir a sus parejas que se pongan las pilas, que para ese viaje no hacen falta tales alforjas. Y hasta ahí llega el discurso. Porque se produce el momento tenso de noche.

Leyre, feminista de nuevo cuño, reconviene a su ama para decirle que eso es un comentario machista, que muchas no tienen pareja -se acepta la moción-, y que, aunque la tengan, a lo mejor hay quienes, algunas o muchas veces, optan por el dichoso succionador porque les da por ahí -también se acepta-; pero... Silencio sepulcral. Duelo en O.K. Corral. Y cuando parecía que la sanción de la hija a la madre se iba a sustanciar en, por ejemplo, una no-invitación a una hipotética perfomance de “El violador eres tú”, se sacó de la manga un “te voy a sacar tarjeta morea” (3). ¡Hay que ver los estragos que hace el fútbol, hasta ayer -y todavía- el más machista de los deportes!

Sonrisas, risas... asunto resuelto. Helados, “amigxs invisibles”, besos, Eguberri on, pobre Ari (hija menor) que se ha quedado en la cama sudando el trancazo. ¿Y si los comentarios sobre el succionador hubieran sido de uno de los comensales masculinos? ¡Al interfecto le hubieran caído txartel moreak como para hacer una baraja! Pero, esta noche es Nochebuena. Y mañana, Navidad.

(1) "Durante la II República, cuando Niceto Alcalá-Zamora era Jefe del Estado, una de las críticas que se le hicieron fue su interés por intervenir en la vida política, a veces más allá de los límites establecidos por la Constitución... se le aplicó un verbo que servía para indicar cuándo los reyes sobrepasaban determinados líneas que se suponían prohibidas: se decía que se dedicaba a “borbonear” (José Luis Casas, 20-8-2012, en www.elplural.com); (2) Al parecer, un consolador es demasiado fálico: un símbolo inequívoco de la sociedad heteropatriarcal; (3) Morea es morada, en euskara; en plural, txartel moreak.
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