Crónicas de un hombre serio  /  Anecdotario

Sentencia de hijaseptiembre 2018

El otro día coincidimos en una tienda de ropa. Un establecimiento de una de las marcas de Inditex (al parecer, ambos contribuimos a hacer más rico a Amancio Ortega). Como entraba en la lógica, no me reconoció. Esto me dio la posibilidad de observar cómo él y las dos señoras que lo acompañaban llevaban a cabo la liturgia para la compra de un traje (uno de tela príncipe de Gales, francamente bonito).

El domingo anterior había leído un artículo suyo en el periódico. Hablaba de víctimas y terrorismo. También hacía un análisis del devenir social y político en Catalunya. Leí esta parte con especial atención: los vínculos que tengo desde hace mucho tiempo con aquella tierra han aumentado desde que he sabido que se acrecienta la probabilidad de que tenga nietos y/o nietas catalanes/as.

En el texto hacía también referencia a un suceso que vivió en primera persona cuando era concejal en un pueblo de Gipuzkoa. Fue en aquella época cuando coincidí con él en algunas reuniones para deliberar sobre el futuro de los equipamientos deportivos de la localidad de la cual, unos años más tarde, acabó siendo alcalde. Posteriormente, ha ejercido -y sigue haciéndolo- puestos políticos relevantes. Llegué a pensar que podría ser lehendakari. Por ahora el pronóstico no se ha cumplido (las claves del poder en el partido hegemónico en Euskadi son intrincadas).

Pero su condición de prócer no le libra de las servidumbres de ir a comprarse ropa acompañado de la familia. Cuando llegué con mi prenda a los probadores él ya estaba en el pasillo central, ante el espejo panorámico. Y cuando salí para comprobar que la camisa me encajaba a la perfección (y, de paso, pedir otra talla mayor para comparar), allí seguía él, cumpliendo las instrucciones del posado.

En aquel momento, la que a buen seguro es su hija, lo observaba de perfil. Y emitió un juicio que, según los actuales cánones de belleza, podía ser considerado positivo, ya que le decía que estaba muy delgado. Pero inmediatamente le lanzó una sentencia definitiva: ¡no tienes culo! Y eso, al parecer, desdice mucho en la silueta de un hombre. ¡Con la poca gracia que me hacía cuando, siendo jovencito, mi ama me decía que los pantalones me sentaban mejor que a mi hermano porque yo tenía culo!

Otros textos de  'Anecdotario'

¿Quieres hacer algún
comentario sobre este texto?

Contacto
contacto





Información básica sobre protección de datos.

Responsable: Javier García Aranda.
Finalidad: gestionar la suscripción al blog y la comunicación entre el autor y el usuario o la usuaria; moderar los comentarios que se realicen sobre el contenido del blog.
Legitimación: consentimiento del interesado o interesada.
Destinatarios: no se cederán datos a terceros, salvo por obligación legal.
Derechos: acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos recogidos en la política de privacidad.