Crónicas de un hombre serio  /  Escritos con y para el corazón

Despertar con una sonrisaoctubre 2017

Observar la esfera pública deja bien a las claras que no corren tiempos para la lírica. Por eso reconforta que, con sencillez, sin hipocresía, alguien se proponga encarar la vida de cada día desde la sonrisa. No es una recomendación para mirar hacia otro lado ni para aceptar resignadamente el destino. Es el testimonio de una persona decidida a afrontar la vida desde la confianza en sí misma y la perseverancia en su esfuerzo.


Ser escuchante de radio a media mañana obliga a ir recorriendo a lo largo del dial toda una ristra de magazines. En ellos son frecuentes los espacios en que acostumbra a intervenir la audiencia para contar alguna peripecia personal o emitir su opinión sobre los temas más variados: desde la preocupación por la basura y los usos recicladores en el ámbito doméstico hasta los menús de los banquetes y la forma de sobrevivir al desparrame calórico, pasando por los “apretones” in itinere y las vicisitudes para superar el trance o la primera visita oficial a casa del novio o novia formal y cómo afrontar las miradas inquisitoriales del equipo local.

Oír a personas diversas experimentar su minuto de gloria radiofónico tiene su aquel. Por lo general, las intervenciones suelen ser espontáneas y aderezadas con un puntito de nerviosismo. Y, aunque tampoco es infrecuente que la vergüenza ajena invite a cambiar de emisora, hay ocasiones en que, con la mayor sencillez, alguien plantea una idea o una forma de comportamiento interesante sobre cómo afrontar el siempre difícil día a día de la vida cotidiana.

No causa sorpresa que se asocie la sonrisa con la felicidad. Por eso, en primera instancia, tampoco llama la atención que una persona plantee que su principal aspiración en la vida consiste en, cada día, despertar con una sonrisa. Esta es la aparentemente sencilla respuesta de una señora, en una improvisada encuesta a pie de calle, ante una poco original pregunta: ¿qué le pide usted a la vida?

Inconscientemente, la respuesta a botepronto de la entrevistada puede llevar a pensar que es una receta de manual de autoayuda y/o que se trata de una genuina seguidora del pensamiento Flower Power del movimiento hippy del pasado siglo XX. Sin embargo, a tenor de la forma de expresarse, de su tono de voz y del contenido de la breve conversación que mantuvo en antena con el entrevistador, la señora en cuestión no traslucía precisamente un perfil de lectora de cuentos de hadas ni de quien piensa que contemplar el paisaje es siempre una buena solución para no tener que afrontar los conflictos (confieso que ha sido una de esas veces en que más he echado de menos que la radio no tenga imagen).

A pesar de la brevedad de su exposición, la señora dejó claro que no se trata de lograr el imposible objetivo de que a una siempre le vaya todo bien, y mucho menos de pensar que la solución a los problemas está más cerca cuando se aceptan como una inevitable consecuencia del destino. Según su opinión -que comparto plenamente- los problemas hay que afrontarlos cada día y esforzarse en resolverlos; y, si se llega a la conclusión de que no tienen solución, hay que dejar de dedicarles esfuerzos estériles y pensamientos derrotistas, y adaptarse a vivir con ellos como una más de las circunstancias hostiles en las que hay que afrontar la pelea por la vida.

Jamás he percibido que un entrevistador quedara más sorprendido ante la claridad de ideas y la contundencia de una entrevistada elegida al azar. Para tratar de salir airoso del trance, planteó una pregunta final: Y en esas circunstancias que usted describe ¿cómo se logra empezar cada día sonriendo? La repuesta fue contundente y definitiva: despertar con una sonrisa es la consecuencia de saber que el día anterior una ha hecho lo que tenía que hacer y la forma de confirmar ante una misma que también va a hacerlo en el día que empieza. Y punto.

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