Crónicas de un hombre serio  /  Escritos con y para el corazón  

La chavala de la silla de ruedas1997

La mujer de la silla de ruedas 2014

Después de que el texto adjunto se publicara en la prensa volví a coincidir con ella en la parada del autobús. Al verme se dirigió a mí y me dijo que yo era el que había escrito en el periódico sobre ella. Me quedé tan aturdido que sólo pude sonreír. No me pareció oportuno preguntarle cómo lo había sabido. Quizá por la cara de vergüenza del día de los hechos… Volví a verla hace pocos años: seguía yendo en su silla de ruedas, pero ya se había convertido en una mujer.


Hay veces en que uno se siente frustrado y avergonzado por la forma en que la sociedad, es decir, todos nosotros tratamos a los que la vida ha colocado en inferioridad de condiciones.

Me explico. He coincidido varias veces con una encantadora chavala que, en su silla de ruedas, espera la llegada del Gros-Amara. El primer día que me fijé en ella pensé que esperaba el autobús de otra línea, pues cuando llego el Gros-Amara se quedó en la parada. El siguiente día observé cómo, de manera extremadamente respetuosa y educada y a la vez muy enérgica, solicitaba al conductor que le extendiera la plataforma para minusválidos, y de esa forma poder subir al autobús.

La frustración y la vergüenza me sobrevinieron cuando el siguiente día en que coincidí con ella el autobús que llegó no disponía del mecanismo para acceso de minusválidos y la chavala se tenía que quedar en tierra (como, al parecer, ya le había ocurrido el primer día). Todavía fue más impactante la situación cuando, siempre respetuosa y educada, requirió del conductor información sobre cuándo pasaría por la parada un autobús habilitado para minusválidos, y no obtuvo respuesta satisfactoria alguna.

Y allí se quedó la chavala, en su silla de ruedas, soportando el calor de la tarde, sola en la parada, esperando la llegada (?) del autobús para poder trasladarse, mientras nosotros, los que podemos caminar, nos acomodábamos en el autobús.

No se trata de compadecer a nadie, ni mucho menos. Además, el desparpajo y la vitalidad de la chavala no lo admiten de ninguna manera. Se trata de que nuestros servicios públicos sean respetuosos y eficientes con todos sus usuarios. También con la chavala de la silla de ruedas.

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