Crónicas de un hombre serio  /  Escritos con y para el corazón

Salud y buenas decisionesdiciembre 2016

Cuando llegan las fechas en las que cambiamos de año, cada vez que me encuentro con una persona cercana me veo en la necesidad de responder a sus deseos de ¡Feliz Año Nuevo! La fórmula de desear felicidad me parece, no sólo demasiado trillada, sino también un tanto meliflua. Esto me ha llevado a acuñar una fórmula más personal (en la materia, la originalidad es casi imposible). Y las dudas sobre la ocurrencia me han conminado a escudriñar su significado. Me temo que si no resuelvo el exceso de racionalismo cartesiano acabaré recurriendo al simple y manido ¡igualmente!


No sé si porque es el tópico al que la gente recurre cuando no resulta agraciada en el sorteo de la lotería de Navidad, el término salud forma parte habitual de los intercambios de buenos deseos en las fechas en que cambiamos de año. Este uso tan reiterado lleva a preguntarse si su utilización es acorde con su significado. Para aclarar el asunto nada mejor que acudir a las fuentes más incontrovertibles: la Real Academia Española y la Organización Mundial de la Salud.

Si nos atenemos al diccionario de la RAE, la primera de las acepciones de salud es desalentadora: “estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones”. Sinceramente, ¡esto no se le puede desear a nadie a quien no queramos insultar llamándole ser orgánico! La segunda opción es tan rotunda como controvertida para ser objeto de deseo: “conjunto de las condiciones físicas en que se encuentra un organismo en un momento determinado”. Porque, es bastante tramposo desear a alguien que, tenga la salud que tenga en ese momento, lo pertinente es que ¡virgencita, virgencita! se quede como esté.

Del resto de las alternativas que ofrece la RAE, la única que podría venir al caso es el empleo del término salud como mera interjección “para saludar a alguien o desearle un bien”. Aunque, en ese caso, no debería usase con el significado de “ausencia de enfermedad o dolencia” (que es como identificamos la salud los aficionados a los crucigramas), sino como un mero saludo bienintencionado, al modo de “Salud y República”, que tal cual también podría ser una opción interesante.

Una vez visto el juego que da la RAE para clarificar el meollo del asunto, lo de la OMS es realmente epatante, porque tira por elevación y define salud como la “condición de todo ser vivo que goza de un absoluto bienestar tanto a nivel físico como a nivel mental y social”. Y para aclarar el alcance de este desiderátum maximalista precisa que “la idea de salud puede ser explicada como el grado de eficiencia del metabolismo y las funciones de un ser vivo a escala micro (celular) y macro (social)”. Llegados hasta aquí, podemos concluir que saludar deseando salud a quienes queremos pronosticar un buen futuro puede ser razonable y conveniente ¡siempre que no entremos en detalles! 

En lo que respecta a desear que el personal tome buenas decisiones, en principio, la pertinencia parece más clara y evidente. Los argumentos pueden resumirse en que, dado que la vida nos lleva a tener que tomar decisiones continuamente, conviene acertar un porcentaje razonable de veces. Un consejo adicional sobre la materia es que hay que tomar decisiones desde la certeza de que: uno, una persona se arrepiente, sobre todo, de lo que no ha hecho y, dos, tomar una decisión siempre implica renunciar a algo.

Con esta expectativa parece que también es una opción razonable desear a una persona que acierte al tomar sus decisiones... si es que ello es posible sin sufrir disonancia cognitiva, es decir, sin convencerse a uno mismo a posteriori de que la decisión tomada ha sido la mejor ¡porque pensar lo contrario nos amargaría la existencia!

Llegados hasta aquí, desde la duda sistemática y razonable que a uno siempre le acompaña, sólo queda desear a todos y a todas ¡salud y buenas decisiones!

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