Crónicas de un hombre serio  /  Pequeñas cosas

Duque de Windowsmayo 2019

Tengo un amigo entrañable. Como no vivimos en la misma ciudad, nuestra relación se sustenta en largas charlas telefónicas. Suelo comenzarlas proponiéndole fijar una fecha para pasar un día juntos. El único objetivo, echar la hebra durante horas repasando lo divino y lo humano; y, mientras contrastamos versiones de alguna vieja anécdota, comprobar cómo nos vamos poniendo viejos. Él sólo contesta a mi propuesta al final de cada conversación. Siempre dice que está muy liado, que ya me avisará cuando busque un hueco.

Entretanto, cada vez que hablamos, siempre tiene una batería interminable de informaciones y opiniones para compartir. Es culto, erudito, maestro en la esgrima dialéctica. Y, a su manera, divertido. Pero es casi imposible dar por cerrado un asunto antes de pasar al siguiente. Su discurso es como una sucesión de ventanas que se van abriendo, cada una dentro de la anterior. Él dice que lo suyo es dispersión temática concatenada (sic). Pero, con todo cariño, considero más descriptivo añadir el calificativo de Duque de Windows a su nombre. Que, por cierto, coincide con el de una bodega de errioxa alavesa, con buenos vinos Gran Reserva. Tratándose de él, los caldos no podían ser de menor nivel.

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