No hay nada como enfrentarse a una página en blanco y ponerse a escribir para saber si sobre un asunto que nos ronda por la cabeza tenemos ideas claras y podemos decir algo consistente. Quien lo haya intentado sabe el tiempo y el esfuerzo que cuesta, y conoce también la satisfacción que produce conseguirlo.

jga - junio 2020

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Noche infernaljulio 2026

La Organización Meteorológica Mundial es un organismo especializado de las Naciones Unidas que se ocupa de promover la cooperación internacional en el ámbito de la meteorología. Su cometido consiste en, por ejemplo, conseguir que la terminología de los informes meteorológicos sea común para todos los países miembros. Sin embargo, no suele ser la OMM como tal, sino las mujeres y los hombres del tiempo quienes van poniendo nombres a las noches según la temperatura ambiente.

Una noche es fresca si la temperatura permanece por debajo de los 10 ºC y templada si está entre los 10 y los 20 ºC. A partir de este límite es cuando empieza la clasificación que se viene utilizando por estas latitudes para referirse a las noches más calurosas. Fueron los alemanes quienes, por similitud a lo que es habitual en los trópicos, hace más de un siglo empezaron a utilizar el término noche tropical para aquellas en que no se baja de los 20 ºC. Si el límite mínimo asciende hasta los 25ºC, se habla de noche ecuatorial o noche tórrida.


Recientemente, a buen seguro por mor del cambio climático -que haberlo haylo-, ha surgido el término noche infernal para los periodos nocturnos en los que no hay manera de que la temperatura baje de los 30 ºC. El nombre, inequívocamente satánico, es bien merecido y, además, responde a la idea expresada por Dante en su Divina Comedia cuando advertía a los que entraban en su infierno de que abandonaran toda esperanza. Y, en efecto, son tan agobiantes que, para hacer como que no entramos en ellas, preferimos dedicarnos a recorrer la ciudad buscando la orilla del mar, en búsqueda de una añorada ráfaga de brisa.

(Pido disculpas a quienes tengan su residencia en una ciudad o un pueblo sin mar, pero es una opción que nunca ha estado en mi repertorio de sitios en los que vivir. Probablemente sea porque crecí mirando durante horas y horas las olas del Cantábrico, desde la ventana de la vivienda alquilada en la que vivía mi ama. Ahora no tengo esa suerte, pero sé que si salgo a la calle y camino un rato me encontraré de nuevo con ellas. No podría vivir tranquilo sin saber que están ahí.)

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