Negro sobre blanco  /  Apuntes

Plumaoctubre 2018

He tenido suficiente trato con personas de casi todo tipo de opciones de género como para saber identificar a las que me gustan: serias, fiables, educadas, respetuosas y comprometidas con los, las y les más vulnerables de la sociedad. Es por eso que me rechina que, recogiendo el uso popular, el diccionario de la RAE señale como una de las acepciones coloquiales de la palabra pluma el “afeminamiento en el habla o los gestos de un varón” y el María Moliner contenga la locución tener pluma con el significado de “tener gestos afeminados”.

Ha llegado el momento de dejar de utilizar la palabra pluma como una forma, más o menos agazapada, de homofobia, transfobia o cualquier otra fobia relacionada con diferentes opciones de género o identidad sexual. Propongo que el término sirva para hacer referencia a cualquier exageración meramente estética. Un ejemplo sería decir que la pluma que menos me gusta es la de los machotes de gimnasio y corte de pelo futbolero, y que todavía me da más repelús su pluma si van en manada.

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