Negro sobre blanco  /  Escritos de un sindicalista

71 días de huelga2014

“El bautismo negociador me llegó con las autoescuelas… Un conflicto laboral de verdad: reuniones y asambleas en las que se hablaba de horarios de trabajo, de salarios, de horas extras, de convenios colectivos, de pactos de empresa… y de huelga. Un curso completo de negociación colectiva...” (1978, el año en que aprendí a negociar).


Las autoescuelas de Gipuzkoa tenían una Patronal de viejo corte. Este era el título del artículo publicado en junio de 1978 para dejar constancia del conflicto en el sector y que comenzaba diciendo que “Ante la persistente negativa de la patronal a negociar un convenio provincial, los trabajadores decidimos hacer uso de los estrechos cauces de presión que admite la legislación presente, iniciando una huelga legal indefinida…”. La huelga duraría 71 días; los que van desde el 17 de abril hasta el 26 de junio.

Como se indica, el origen del conflicto era la negativa de la patronal a sentarse a negociar un convenio colectivo en el ámbito de Gipuzkoa. Para los patrones de la época (no sólo para los de las autoescuelas) era más cómodo y, sobre todo, más barato, que todo siguiera como hasta entonces: que hubiera un remedo de negociación en el ámbito del sindicato vertical y que, como por arte de magia, “saliera” publicada en el BOE la regulación laboral del sector para todo el Estado. Es curioso ver cómo se repite la historia y cómo las patronales se siguen escudando en las sucesivas crisis para atenerse a los convenios colectivos negociados (?) en Madrid como forma idónea para regular las condiciones de trabajo.

El artículo añadía que “Los patronos del sector están acostumbrados a “ganar” siempre a los trabajadores y no quieren sentar un precedente… Están dirigidos y dominados por una camarilla de caciques, propietarios de las mayores empresas del sector… Pretenden no salirse del convenio de ámbito estatal, lo cual obedece a unas consignas emanadas desde Madrid para imponer su política centralista”. ¿No suena todo esto a algo que ha seguido estando vigente en muchos sectores laborales durante los más de 35 años que han pasado desde entonces?

El “Final del conflicto de las autoescuelas”, como señala el título de otro artículo sobre el asunto en cuestión, publicado en julio de 1978, llegó tras lograrse un “pacto” para mejorar las condiciones de trabajo y acordar que, en un futuro inmediato, se negociaría un convenio colectivo de ámbito de Gipuzkoa (como así ocurrió). Por fin los trabajadores y las trabajadoras habían ganado un envite. Para conseguirlo, fue necesario emplear todos los recursos sindicales: “… la huelga entraba en un punto muerto de difícil salida… ELA-STV planteó la conveniencia estratégica de negociar pactos de empresa… la patronal solicitó la iniciación de conversaciones que llevasen a un “pacto” provincial…”

La conclusión final del artículo era que “Este compromiso arrancado a la patronal nos hace que veamos con cierto optimismo el futuro de este sector tras este conflicto que ha sido de gran valor formativo y de concienciación de un amplio grupo de trabajadores”. Con el tiempo, algunos de ese grupo decidieron abandonar su estatus de asalariados y… formar su propia empresa. C´est la vie!

Epílogo

Un año más tarde, en diciembre de 1979, se publicaba “Autoescuelas: hacia el convenio de Euskadi”. Se iniciaba criticando un argumento muy manido entre los empresarios (sobre todo en estos tiempos, en los que facturar menos es motivo para despedir a la gente) “que confunden la disminución de la tasa de beneficios con unas supuestas perdidas”. Y, tras analizar el devenir de las negociaciones en el sector, se dejaba constancia de que “En Bizkaia y Araba comienza la lucha; Nafarroa a la expectativa”.

La conclusión era que el futuro de la negociación colectiva en el sector pasaba por un convenio de Euskadi. Este desiderátum era la forma de proclamar que Euskadi también se construía -y se construye- desde la negociación colectiva. La frase final no dejaba lugar a dudas: “Pronto veremos seguramente un convenio de autoescuelas de Euskadi”. La profecía nunca se ha cumplido… Es obvio que a la hora de formularla había más corazón que análisis racional.

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