Negro sobre blanco  /  Escritos de un sindicalista

Koldo Zelaia, defensor de los piquetesjunio 2020

Koldo Zelaia Loiola nos dejó el 25 de marzo de 2020. Fue sindicalista liberado de ELA durante décadas. Agur, Koldo.


Grupo de personas que, pacífica o violentamente, intenta imponer o mantener una consigna de huelga”. Así es como la RAE define “piquete”. Queda claro que sus miembros no son sindicalistas. Un poco más aséptico es lo que recoge el María Moliner: “grupo de personas que intenta, de forma pacífica o no, que otras secunden una huelga”. No sé exactamente cuál era la definición que Koldo tenía en la cabeza. Pero es seguro que era una versión radicalmente sindical. Lejos de los circunloquios de quienes no saben que pasa por la cabeza -y por las vísceras- de l@s trabajador@s cuando tienen que salir a la calle a defender sus reivindicaciones. Lejos de los tópicos de quienes nunca han formado parte de un piquete para ganar una huelga. Que solo se gana si se consiguen condiciones de trabajo que permitan a l@s trabajador@s y a sus hij@s llevar una vida buena.

Era un día del invierno de 1982. Quienes compartíamos aquel local que ELA tenía alquilado en la calle San Martín, en Donostia, vivíamos inmersos en la tarea de negociar convenios colectivos. Ya había anochecido. Estaba solo en el despacho que compartía como otro liberado del sindicato, preparando las reuniones del día siguiente. Él se asomó por la puerta, me saludó, se acercó, se inclinó hasta apoyar las dos manos sobre la mesa y, en tono confidencial, me dijo: “Javi, quiero que en ELA dejemos claro que los piquetes son un arma sindical importante, a la que no vamos a renunciar”. Se detuvo unos segundos, me sonrió, y continuó: “Tienes que echarme una mano para redactar una enmienda. Quiero presentarla en el próximo congreso”. Y nos pusimos manos a la obra.

En aquellos años de la transición, al tiempo que se iban institucionalizando las relaciones laborales, iba surgiendo una corriente en la opinión pública que pretendía equiparar las movilizaciones sindicales a una mera agitación social con ocultos intereses sectarios. La derecha política -la de Madrid y también la vasca-, los empresarios, muchos opinadores pretendidamente neutrales, algunos políticos de izquierdas y hasta sindicalistas que se sentían cómodos pisando moqueta: eran multitud los que se esforzaban por trasladar a la sociedad que las nuevas relaciones laborales solo eran civilizadas y democráticas si se circunscribían a dialogar en torno a una mesa de negociación. 

ELA rechazaba -y sigue rechazando- esa visión burocratizada del sindicalismo. Koldo Zelaia, como sindicalista de ELA, tenía muy claro que la movilización y, por supuesto, la huelga son instrumentos indispensables e insustituibles de la acción sindical. Además, estaba plenamente convencido de que la organización de piquetes era un elemento irrenunciable de la lucha sindical, un recurso imprescindible cuando l@s trabajador@s se ven obligad@s a salir a la calle para defender sus reivindicaciones. 

En las ponencias aprobadas en el congreso celebrado en Iruñea en 1982, ELA se posicionó de manera explícita e inequívoca en defensa de los piquetes sindicales. Eskerrik asko, Koldo!

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