Negro sobre blanco  /  Escritos de un sindicalista

¿La solidaridad de clase debe pagar IRPF?octubre 2018

El Tribunal Supremo ha sentado jurisprudencia: las prestaciones públicas abonadas por la Seguridad Social a quienes ejercen su derecho a disfrutar del permiso de paternidad o maternidad están exentas del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Hasta la promulgación de esta sentencia, la Agencia Tributaria estatal mantenía el criterio de que dichas aportaciones económicas debían ser consideradas como rentas del trabajo y, por tanto, pagar el correspondiente IRPF.

Tal y como expuse en la Epístola al presidente del EBB del PNV, estoy indignado con quienes han decidido que aportaciones solidarias percibidas por personas que están en huelga deben estar sujetas al IRPF. Y me ha parecido entender que ciertos argumentos utilizados por el Supremo en el caso de las prestaciones por maternidad y paternidad para declararlas exentas del citado impuesto son también aplicables a la solidaridad de clase que está detrás de cualquier caja de resistencia sindical.


En la sentencia sobre la exención del IRPF de las prestaciones de paternidad y maternidad, el Tribunal Supremo -como casi siempre- ha basado su decisión en argumentos que resultan complejos y hasta enrevesados para quienes somos profanos en la materia. No obstante, entre la hojarasca de los fundamentos jurídicos, se puede encontrar un párrafo que dice: “La prestación por maternidad es el subsidio que gestiona la Seguridad Social que trata de compensar la pérdida de ingresos del trabajador a consecuencia del permiso de descanso por el nacimiento de un hijo, adopción, tutela o acogimiento, y durante ese periodo el contrato de trabajo queda en suspenso…”. 

El argumento resulta sugerente porque, al igual que el subsidio de maternidad y paternidad, la aportación de cualquier caja de resistencia también “trata de compensar la pérdida de ingresos del trabajador (o trabajadora), que en este caso es debida a la realización de una huelga; y, al igual que ocurre mientras se disfruta del permiso de maternidad o paternidad, también durante una huelga “el contrato de trabajo queda en suspenso”. Y si, según la sentencia del Tribunal Supremo, no debe cotizar IRPF el dinero recibido por un trabajador o una trabajadora para paliar su falta de ingresos por tener suspendido su contrato de trabajo cuando disfruta del correspondiente permiso de maternidad y paternidad, ¿por qué debe pagar IRPF lo percibido por ese trabajador o esa trabajadora cuando está en huelga y recibe una ayuda económica de la caja de resistencia de su sindicato?

Un experto en materia jurídica dirá -con razón- que la sentencia del Supremo, además de lo señalado en el citado párrafo, también hace referencia a la normativa del IRPF, la cual avala, al parecer, que las prestaciones por maternidad y paternidad queden exentas del impuesto (al igual que ocurre con una relativamente amplia lista de percepciones económicas, que van desde los premios “Princesa de Asturias” hasta ciertas ayudas económicas a deportistas de alto nivel o las pensiones por incapacidad permanente absoluta). Sin embargo, ni entre la relación de hechos imponibles del citado IRPF ni entre las rentas exentas del mismo se hace referencia expresa alguna a las aportaciones solidarias a un trabajador o a una trabajadora en huelga.

¿Cuál es la causa de este vacío legal sobre si las aportaciones de un instrumento sindical clave como es la caja de resistencia deben estar sujetas o no al IRPF? La respuesta es evidente: los/as legisladores/as del Estado español no han considerado que exista un asunto con suficiente relevancia social como para que la Ley se ocupe de regularlo. El motivo es también evidente: el sindicalismo de ámbito español no dispone de instrumentos organizados relevantes para apoyar económicamente a los trabajadores y las trabajadoras en huelga. Por cierto: ¡otro gallo le cantaría a la clase trabajadora española si CCOO y UGT hubieran optado por un modelo sindical que incluyera entre sus estrategias haberse dotado de caja de resistencia

Tampoco se le ha ocurrido a nadie que sea necesario legislar sobre si deben estar sujetas o exentas del IRPF las cantidades recibidas desde cajas de resistencia organizadas de manera espontánea (con la participación o no de los sindicatos), para auxiliar económicamente a los y las huelguistas cuya economía se va quedando exhausta tras una huelga prolongada. De la misma forma, tampoco se han planteado la necesidad de considerar que deben tributar -por este u otro impuesto- otras formas de solidaridad que tienen lugar en otros ámbitos de la vida social en los que también se aporta dinero para cubrir necesidades más o menos perentorias (como, por ejemplo, mantener el culto en las iglesias).

Sin embargo, en las comunidades autónomas del País Vasco y Navarra la situación es diferente. En estos ámbitos sí que hay un caso relevante que debería haber llamado la atención de los/as legisladores/as y que, en mi opinión, debería haberse resuelto estableciendo que quedaran exentas del IRPF las aportaciones recibidas por huelguistas desde la única forma organizada de solidaridad sindical con contenido económico que merece tal consideración: la caja de resistencia de ELA.

Puede ser que haya personas de buena voluntad que todavía no se hayan enterado, pero detrás de este instrumento irrenunciable de lucha sindical está la misma solidaridad de clase que en las aportaciones espontáneas a huelguistas (a las que nadie se ha atrevido a aplicar el IRPF). Pero, ¡mira qué casualidad!, mientras en otras aportaciones solidarias -tanto del ámbito sindical como de otros- nadie se ha acordado de si deberían o no pagar impuestos, las haciendas forales de la CAPV han considerado que la solidaridad sindical protagonizada por la caja de resistencia de ELA debe ser considerada salario, por el que el trabajador o la trabajadora que la recibe debe pagar el correspondiente IRPF (y, en consecuencia, el sindicato proceder a realizar la correspondiente retención a cuenta, como si fuera un empleador que remunera a los o las huelguistas).

Por cierto, son las mismas haciendas forales que -al menos en teoría- tienen capacidad para regular autónomamente el IRPF y que se han dado prisa para adherirse a la nueva situación generada en el Estado por la sentencia del Tribunal Supremo sobre la exención del IRPF de las prestaciones de maternidad y paternidad. Y no sólo han anunciado que también por estos lares se van a declarar exentas del IRPF dichas aportaciones, sino que han anunciado a bombo y platillo que se van a poner en marcha mecanismos para devolver ipso facto las cantidades tributadas por tal concepto durante los últimos años.

Me parece estupendo que las haciendas forales sean sensibles a las dificultades que afrontan en estos tiempos que corren quienes tienen la valentía de convertirse en madres y padres. Pero sería igual de deseable que esas mismas haciendas forales fueran también sensibles y, sobre todo, ecuánimes cuando esas mismas madres y esos mismos padres van a la huelga y reciben la solidaridad de clase de otros trabajadores y otras trabajadoras a través de la caja de resistencia de ELA. Me huele que detrás de estas decisiones de las haciendas forales hay cierto tufillo antisindical. ¿O sólo se trata de una postura contraria a ELA? Porque, si no lo es, lo parece.

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