Negro sobre blanco  /  Escritos de un sindicalista

Otra visión del marxismo-leninismoenero 2024

Aun a riesgo de que constatarlo lleve a sobrevalorar la relevancia del camino seguido por las sociedades económicamente más desarrolladas y organizadas políticamente como democracias liberales, es una evidencia que el auge del capitalismo industrial conllevó la implantación de normas sociales que asignaban a los hombres el trabajo remunerado y a las mujeres, el doméstico. De esta forma, el trabajo de la mayoría de las mujeres no solo quedó fuera del “mercado”, sino desvalorizado, incluso como información a tener en cuenta en la planificación económica y social. Es decir, al tiempo que el trabajo remunerado se erigía en el factor básico de la autonomía económica y la realización personal, se relegaba a la gran mayoría de las mujeres -por tanto, a casi la mitad de la población de esas sociedades- al trabajo no remunerado realizado en la esfera privada.

Desde ese punto de partida, la entrada de las mujeres en el mercado de trabajo de las sociedades industriales o en proceso de industrialización, que se ha llevado a cabo de manera muy desigual en los diferentes países, se ha producido, en todos los casos, en el contexto de una cultura dominante patriarcal e impregnada de machismo, que se oponía a la igualdad de género. Esta cultura, especialmente radical y exacerbada en muchos países pero generalizada en casi todos, no solo ha afectado a las mujeres, sino también a las personas LGTBIAQ+, y ha obligado a todas ellas a luchar por el reconocimiento de sus derechos. Desgraciadamente, en esa lucha no han contado siempre con el suficiente apoyo de las organizaciones consideradas “progresistas”.


Al reflexionar sobre los orígenes de lo que significa poner en relación, más o menos machimbrados, los términos Cuba y libre, concluía que “el statu quo de Cuba solo puede y debe ser cambiado por las cubanas y los cubanos, que están obligados a protagonizar un cambio radical, casi una nueva revolución”. Uno de esos cubanos es el escritor Leonardo Padura, nacido en 1955 en la provincia de La Habana, que ha permanecido fiel a sus orígenes, sin que ello le haya impedido ser crítico con el régimen de su país, utilizando para ello su obras literarias.

Entre esas obras, son especialmente interesantes las novelas protagonizadas por el detective Mario Conde, coetáneo del autor, a través de las que se describen las vicisitudes acaecidas en la sociedad cubana desde que la Revolución (1959) implantara en el país un régimen marxista-leninista. En una de esas novelas, La transparencia del tiempo (2018), se pone de manifiesto que tampoco las organizaciones que han ocupado los instersticios del poder en países con regímenes autodeclarados marxistas-leninistas han apoyado a las mujeres, a las personas LGTBIAQ+ o a quienes profesasen alguna creencia fuera de la ortodoxia.

Como precisa el Conde en una conversación con otro personaje de la novela, la ortodoxia, imprescindible para pertenecer a esas organizaciones, era ser “materialista histórico y dialéctico”. Su interlocutor le confiesa haber sido “un enmascarado” al que le había tocado esconder durante toda la vida que, además de creyente, “era maricón de la cabeza a los pies”. Para describir aquel estado de cosas, el detective acuña la expresión “machista-leninista”, para hacer una síntesis magistral de una de las características del régimen cubano -y de otros similares- durante un largo y no definitivamente finiquitado periodo.

Post scriptum: Aunque probablemente no encontremos ninguna que suene tan redonda como la de Padura, tomándola como referencia podríamos jugar a poner añadidos al término “machista” para formar expresiones definitorias de algunas ideologías o regímenes, pasados y presentes, o de los que, más o menos abiertamente, propugnan algunas organizaciones políticas nada progresistas. ¡A jugar!

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