Negro sobre blanco  /  Las tesis del aitona

Doce monjas, un capellán y dos obisposseptiembre 2020

La potencial gravedad de infectarse por coronavirus obliga a tomarse en serio y con todo respeto cualquier contagio. Pero es imposible haber sabido de la existencia de un brote en un convento de clausura (sic) de Lasarte-Oria, en el que han resultado contagiadas las doce monjas y el capellán que viven allí, y no tener evocaciones literarias: la inquietante trama de Diez negritos, la novela de Agatha Christie (Espasa, 1939), o los relatos del Decamerón, que Boccaccio ubica en un aislamiento para protegerse de la epidemia de peste negra del siglo XIV.

Para explicar la llegada de la pandemia hasta un lugar tan alejado del mundanal ruido, basta tener en consideración la proverbial habilidad del bicho para colarse en los organismos y, por supuesto, el seguro contacto con el exterior de alguna de las personas afectadas. Pero, como la doctrina católica tiene por costumbre atribuir a los designios divinos todo lo que acontece, el caso del convento también podría insertarse en la inescrutable obra del Espíritu Santo.

Aunque, quizás, no haga falta recurrir a tan alta jerarquía para adjudicar la maldición vírica caída sobre el convento, ya que bien podría atribuirse al previsible enfado de un par de prelados: Severo Andriani, que fue obispo de Pamplona en el siglo XIX, y José María Munilla, actual obispo de San Sebastián. Porque ninguno de ellos sale bien parado de la investigación histórica de José Miguel Unanue Letamendi publicada con el sugerente título El segundo bautismo de la bisabuela Dolores (del obispo Andriani a monseñor Munilla)(1) Dicen que el espíritu del citado libro rondaba por el susodicho convento en las fechas fatídicas.

(1) UNO Editorial, 2020
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