Negro sobre blanco  /  Las tesis del aitona

Escribir, el otro lado de la magia de leerabril 2021

En un esclarecedor artículo (1) sobre la singularidad de la especie humana en el uso del habla, la lingüista Mamen Horno (2019) concluye que solo los seres humanos tenemos la capacidad de crear “mundos nuevos” mediante la combinación de símbolos cuyo significado trasciende el contexto inmediato. No obstante, en mi opinión, dado que accedemos a la lengua materna de forma natural, no tomamos conciencia de la existencia de esos símbolos, las palabras, hasta que nos enfrentamos al aprendizaje de la lectura y la escritura. 

Aprender a leer ha sido, sin duda, la experiencia más relevante de mi itinerario intelectual. Leer ha sido el instrumento para acceder a nuevos mundos, creados por personas distantes en el tiempo y el espacio; y, también, el recurso íntimo, solitario, para viajar hacia dentro, a lomos de las ideas y las emociones sugeridas en los textos. El aprendizaje de la lectura lo recuerdo como algo sencillo, casi espontáneo. Sin embargo, el de la escritura fue arduo, poco placentero; un logro conseguido tras muchas horas de duro trabajo, apretando el pizarrín o el lápiz. Eran los usos de los años 50 del pasado siglo XX. 

Después, cuando fui capaz de hacer frases, de hilar varias en un párrafo, de hacer mi primera redacción (2), cuando por primera vez escribí sin que nadie me obligara a hacerlo (probablemente, una postal), escribir se convirtió en una fuente de satisfacción. La idea de sentarme ante un papel en blanco me producía una sensación agradable, distinta a la que decían experimentar la mayoría de las personas de mi alrededor. Escribir, siquiera para redactar con esmero los apuntes escolares, se convirtió en algo cotidiano. Y pronto pasó a ser una habilidad que los demás apreciaban y que me llevó a redactar infinidad de comunicados, panfletos o ponencias, primeramente, e informes y proyectos, después. 

Poco a poco fui percibiendo que tenía en mis manos el instrumento para crear “mundos nuevos”: escribir era la oportunidad de estar al otro lado de la magia de leer. Por ese motivo, hace unos años decidí dedicar parte de mi tiempo a poner negro sobre blanco lo que me rondara por la mente. Sin grandes pretensiones, como un modesto legado intelectual. ¡Y, además, ahora con la ventaja de poder corregirlo sin dejar odiosos tachones o tener que escribirlo de nuevo!

(1) Horno, M. (2019, septiembre, 8). El ser humano y la evolución. ¿Por qué solo hablamos nosotros? [Mensaje en un blog]. Recuperado de https://www.letraslibres.com (2) En este blog está recogida, con cariño, una redacción escrita cuando tenía 13 años, que fue publicada en la prensa local: Los animales domésticos.
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