Negro sobre blanco  /  Las tesis del aitona

¿Los hombres feministas follan mejor?mayo 2019

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, en una entrevista que le realiza el psicoanalista y escritor Jorge Alemán, atribuye a “los sectores más gamberros del movimiento feminista” una afirmación categórica: “Los hombres feministas follan mejor”. Es obvio que la respuesta a la pregunta que encabeza este texto corresponde solo a las mujeres. A las feministas y a las que no lo son (que las hay).

Pero la parte más jugosa de la exposición de Pablo Iglesias es aquella en la que pone sobre la mesa la existencia de una masculinidad feminista (aunque, al respecto, hay sesudos y sesudas periodistas que opinan que con esta afirmación el líder podemita se mete en un frondoso jardín). Es una cuestión que puede -esta sí- ser respondida por hombres que no hemos experimentado ninguna rebaja ni deformación en nuestra masculinidad tras asumir el postulado feminista más básico: la igualdad de hombres y mujeres en todos los órdenes de la vida social (y, así mismo, la igualdad de cualesquiera otras personas, sea cual sea su forma de experimentar o percibir su sexo o su género). 

En cualquier caso, asociar la calidad de la técnica amatoria de cada cual a la adhesión a una u otra ideología o creencia probablemente sea algo exagerado. En esta materia -como en todo aquello que tenga como propósito agradar o satisfacer al prójimo o a la prójima-, lo mejor es preguntar a la correspondiente pareja sexual qué le gusta o le apetece en cada momento. Y valorar la respuesta desde unos sencillos axiomas: no se debe hacer a nadie nada ni se debe obligar a nadie a hacer algo que no le guste o no le apetezca. Aunque sea recomendable tener amplitud de miras para explorar nuevas formas y nuevas sensaciones, el límite lo pone cada quisqui, en armonía con su cada cual.

Aunque depende del grado de pulsión sexual o de abstinencia previa, no es una hipótesis descabellada dar por sentado que practicar sexo es una actividad satisfactoria. Para los hombres, casi siempre; y quiero pensar que habitualmente también para las mujeres. Al menos para aquellas que lo hagan con una pareja que no sea un zopenco (que, según dicen ellas, los hay).

Es por eso que la afirmación gamberra a la que se refiere Pablo Iglesias probablemente adquiere su verdadera dimensión si el sexo se ubica como una actividad que tiene un antes y un después. A mi entender, para que hacer el amor sea plenamente satisfactorio, el buen entendimiento entre lxs intervinientes debe existir antes, durante y después del acto sexual propiamente dicho. Y no me refiero a los preliminares más o menos sofisticados, ni al novelesco -y a estas alturas anacrónico- cigarrito de después, sino a la interacción previa y posterior entre las personas que conforman la pareja sexual (tanto si es habitual como esporádica).

Y es, sobre todo, en ese antes y ese después en el que las convicciones y prácticas feministas de la parte masculina del asunto pueden intervenir de forma decisiva en que el durante adquiera una especial y satisfactoria dimensión para la señora implicada (siempre, claro está, que la habilidad del artista llegue a unos mínimos indispensables). En cualquier caso, sería interesante que en la próxima encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se incluyera la recogida de algunos datos que aportaran un poco de luz sobre la relación entre la ideología y la calidad de la coyunda. Podría ser una buena manera de encarrilar el año: para el feminismo y, también, para lo del follar.

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