Negro sobre blanco  /  Opinatorio

¡A sus órdenes, mi general!noviembre 2015

Pertenezco a una generación de personas que se hicieron adultas cuando todavía la “mili” era obligatoria y que se interesaron por la política con un ramalazo antimilitarista. Lo militar era cosa de carcamales y fachas; y los militares, unos personajes que identificábamos con un régimen deplorable (aunque hubiera algún individuo que era o había sido militar que no nos pareciera un mal tipo).

Los años fueron pasando, se instaló el régimen del 78, vivimos el golpe de Estado del 81, y siempre nos quedó la duda sobre si, como algunos decían, lo de estar en la OTAN había sido mano de santo y los militares se habían hecho demócratas o si, como otros seguían denunciando, lo de ser militar de cierta graduación era algo reservado a los vástagos de familias de rancio abolengo franquista.

Y va el general Julio Rodríguez y se hace de la tribu de Coleta Morada. Y quienes han defendido el statu quo durante las últimas décadas lo ponen de inmediato en su punto de mira: unos por traición a las tradiciones de la milicia supuestamente democrática (para estos, estar a favor del derecho a decidir de las naciones sin Estado es casi un crimen de lesa humanidad); otros, por ser un renegado de la casta de los militares comme il faut (al parecer, no se puede ser una persona de orden y no compartir los designios de quienes mandan en la OTAN).

Y, de repente, uno experimenta un no‐se‐qué hacia ese ex‐general al que apenas ha oído decir unas cuantas frases por televisión. Y, ya sea por simpatía hacia él o por la escasa empatía con sus detractores, a uno le entran ganas de hacer un quiebro al antimilitarismo, olvidarse de que ni siquiera hizo la mili, cuadrarse ante el señor Julio Rodríguez y decirle, sin coña, aquello de ¡A SUS ÓRDENES, MI GENERAL!

P.S.: los de mi generación, incluso los que no hicimos la mili, lo de cuadrarnos y esas cosas de soldados lo aprendimos en nuestra más tierna infancia con los maestros falangistas de las escuelas públicas y/o a las órdenes de cuarteleros profesores de gimnasia. ¡Manda huevos!

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