Negro sobre blanco  /  Opinatorio

Brexit & Sorpassojunio 2016

El devenir político ha hecho que coincidan en el tiempo dos posibles acontecimientos que han sido denominados con sendos vocablos que, pronunciados juntos y de corrido, parecen la denominación de un plato pretendidamente exótico de chiringuito veraniego, que, visto lo visto, debe servirse acompañado de un marianito.


El brexit (acrónimo formado por las palabras britain y exit) es un nuevo ejemplo -el anterior fue el referéndum de autodeterminación de Escocia- de cómo se las gastan en el Reino Unido en eso de ejercer la democracia: ante la división de opiniones sobre un asunto relevante, se convoca al pueblo para que decida; y si la opción defendida por el primer ministro resulta perdedora, el fulano dimite. Y si la controversia persiste, cualquier día de estos convocarán otro referéndum.

A mi entender -y en contra de lo que opina el ex presidente Felipe González-, la forma en que la ciudadanía británica y su gobierno (conservador, para más señas) vienen ejerciendo la democracia es un ejemplo a imitar. Dicho sea lo anterior a pesar de la siempre discutible oportunidad política de realizar este referéndum o cualquier otro y de las inaplazables reflexiones que la aprobación del brexit debería suscitar en el proceso de construcción (sic) de la Unión Europea (que es evidente que lleva tiempo haciendo aguas, incluida la de hacerle el caldo gordo al establishment británico).

Con el referente de cómo funciona la democracia británica, ¿no es frustrante que para una gran parte de la clase política española, con la excusa de la razón de Estado, las consultas directas a la ciudadanía siempre estén de sobra o sean inoportunas? No obstante, visto el repunte electoral del PP en el 26 de junio, la cuestión es si hay que tener esperanza en que, en el futuro, España vaya a tener una democracia que se asemeje a la británica. Porque, si es vergonzoso que el Presidente del Gobierno de España no haya dimitido -varias veces, como en los chistes- ante los reiterados escándalos de corrupción de los que se ha visto rodeado, es todavía más indignante que, con lo que ha dicho y, además, le han grabado en su propio despacho, el Ministro del Interior del Gobierno de España siga todavía en funciones.

El segundo de los ingredientes del menú del verano es o, mejor dicho, era el sorpasso. Aunque suene a ataque de fiera zorrupia, este italianismo no es sino el democrático adelantamiento o superación electoral de una organización política por otra. En este caso, el fallido sorpasso era que Unidos Podemos iba a superar al PSOE, tanto en votos y como en escaños.

Cabe preguntarse si para que no se haya producido el sorpasso que todas las encuestas pregonaban ha tenido alguna influencia el supuesto desconcierto generado en la ciudadanía por el brexit. En mi opinión, ha sido patética la utilización que en la recta final de la campaña electoral se ha hecho del brexit para fomentar el miedo a Unidos Podemos (y, de paso, evitar que se produjera el sorpasso). Pero, en definitiva, lo que ha quedado en entredicho es si, con sus actuales esquemas organizativos y estrategias, Podemos va a lograr consolidarse como referente de las ideas progresistas y de izquierda para las nuevas generaciones del Estado español (a la vista de los resultados, el asunto parece limitarse a Euskadi y Catalunya).

En cualquier caso, teniendo en cuenta cómo viene funcionando la democracia en España y la postura que, según los resultados de las elecciones del 26 de junio, mantiene al respecto gran parte de la ciudadanía española, siempre queda el recurso de atenerse a la famosa sentencia de Mafalda: “El mundo está hecho de protones, neutrones, electrones y tontos de los cojones”.

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