Negro sobre blanco  /  Opinatorio

Ébola2014

La página web de UNICEF recoge la siguiente información: 

El VIH/SIDA sigue siendo la principal infección mortal del mundo. El número de personas con VIH en 2011 era de 34 millones, de los que en torno al 10% eran niños menores de 15 años, casi el 70% de ellos en África subsahariana. El VIH/SIDA afecta a los niños más allá del hecho de que estén infectados. Millones de niños que no son VIH positivos sufren sus consecuencias, debido a la pérdida de familiares y a la desestructuración económica y social que causa el SIDA. Se han logrando avances en el diagnóstico precoz de la enfermedad o la prevención de la transmisión de madres a hijos, pero aún quedan muchas barreras por derribar: el acceso a una medicación adecuada y la discriminación o la desprotección de los niños que han quedado huérfanos a causa del VIH/SIDA.



En los países del denominado primer mundo, para la mayor parte de las personas contagiadas el VIH/SIDA es ya una enfermedad crónica y, según se dice, está al caer una vacuna, cuyo uso sistemático podría llegar a erradicar la enfermedad. La que en su momento fue considerada una plaga bíblica -y que, como indica UNICEF, sigue siéndolo en África- ha pasado a ser, en los países ricos, una enfermedad que, aunque todavía es considerada muy grave y socialmente estigmatizadora, no genera el clima de terror de pasadas décadas.

Ante esta cruda realidad, y por muy dura que parezca la expresión, es muy posible que muchas de las personas que vivan en África y que estén mínimamente informadas de cómo funciona la industria farmacéutica mundial estén pensando para sus adentros: ¡por fin ha llegado el ébola al primer mundo! No se si lo pensarán con la esperanza en que, ahora que el miedo a la nueva plaga puede extenderse también fuera de África, se van a disponer los recursos necesarios para desarrollar tratamientos eficaces contra este virus; o si lo harán por la rabia que produce la desesperación ante la certeza de que, como ocurre con los tratamientos del VIH/SIDA, tampoco en este caso les va a tocar salvarse de la plaga. Ni les va a tocar a ellos/as, ni tampoco a sus hijos/as ni a sus nietos/as mientras sigan viviendo en África, lo que tiene que cabrear todavía más.

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