Negro sobre blanco  /  Opinatorio

El jovencito Frankensteinjunio 2018

Dicen las hemerotecas que Adolfo Pérez Rubalcaba fue el primero que, en 2016, aludió al protagonista de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo (escrita por la británica Mary Shelley en 1818) para señalar la inconveniencia del acuerdo parlamentario que podía llevar a Pedro Sánchez, su sucesor en la secretaría general del PSOE, a la presidencia del gobierno de España. Al parecer, el motivo del símil era considerar que, de la misma forma que Frankenstein era una criatura creada con retazos de cadáveres y, por tanto, con una incierta condición infrahumana, la coalición integrada por partidos de la izquierda y de ámbitos nacionales diferentes al del indiscutible estado-nación español era un artefacto político impropio y contra natura. El argumento nuclear del señor Pérez Rubalcaba para oponerse a “una investidura Frankenstein” era que el PSOE no podía acceder al gobierno de la mano de “quienes quieren romper España.

Hace apenas dos meses, cuando fragua el acuerdo entre PSOE, Unidos Podemos, PNV, Compromís, ERC, PDECat, Bildu y Nueva Canaria para echar al PP del gobierno de España, es Mariano Rajoy quien vuelve a hacer referencia al famoso personaje para calificar de “programa Frankenstein” el propuesto por Pedro Sánchez para defender su moción de censura. La confluencia de posiciones entre figuras relevantes de la izquierda y la derecha españolas para oponerse a cualquier alternativa política que implique pactos con fuerzas independentistas no es nueva. La referencia histórica más pintoresca probablemente sea la atribuida a José Calvo Sotelo, líder de la derecha antirrepublicana, quien, poco antes de ser asesinado en vísperas del golpe de estado del 18 de julio de 1936, habría pronunciado en el congreso la famosa frase “antes roja que rota”. Era la síntesis de su argumentación en contra de veleidades territoriales que pusieran en duda la vigencia de España como estado-nación unitario.

El 31 de mayo de 2018, Andrés Gil, redactor jefe de política de eldiario.es, en su artículo De 1930 a 2018: un nuevo Pacto de San Sebastián logra tumbar a Mariano Rajoy, postula que existe un paralelismo entre el acuerdo parlamentario para la moción de censura de Pedro Sánchez y el pacto al que llegaron en 1930 organizaciones políticas republicanas que culminaría con el fin de la monarquía encabezada por Alfonso XIII, bisabuelo de Felipe VI, y la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931. Aunque no hay datos fehacientes de que ni Adolfo Pérez Rubalcaba ni Mariano Rajoy se hayan pronunciado al respecto del citado pacto, no caben grandes dudas de que lo habrían considerado inequívocamente frankensteiniano. Incluso desde el conocimiento de que ni el PSOE (que, junto con la UGT, se adheriría al pacto unos meses después) ni el PNV (al parecer, los pactistas eran demasiado anticlericales) estuvieron representados en esa primera reunión celebrada en la donostiarra calle Garibay, a la que no fueron invitados ni el Partido Comunista ni la CNT (¡demasiado revolucionarios!).

Para rematar la saga del monstruo, hay un hito todavía más reciente. El discurso pronunciado por Pablo Casado en el reciente congreso del PP, para convencer a los compromisarios de su partido de que le eligieran presidente del mismo, lo convierten en la versión actualizada del moderno Prometeo. Su vocación queda avalada por su autoproclamación como heredero universal de todos los líderes que en la derecha española han sido (en el repaso retrospectivo se para en Fraga, pero me temo que podría remontarse mucho más atrás). Pero, sobre todo, impresiona su reivindicación de una posideología conformada por los retales más reaccionarios de las propuestas y contrapropuestas peperas de las últimas décadas. No cabe duda: al margen de su edad (con casi cuarenta años ya no es un pipiolo) y de que su discurso no puede tomarse a broma (como en la película homónima), Pablo Casado es el jovencito Frankenstein.

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