Negro sobre blanco  /  Opinatorio

El pan del reyagosto 2020

Según un dicho popular, cada niño que nace trae un pan bajo el brazo. En realidad, cuando se acuñó la expresión, lo que se esperaba del recién nacido es que echara pronto una mano para que toda la familia pudiera llevarse a la boca su pan de cada día. Al respecto, hay que precisar que la buena nueva no se aplicaba a las niñas, por su presunta menor capacidad para realizar trabajos manuales. 

La pregunta es si, al menos en sentido metafórico, también trae su correspondiente pan el niño que nace para ser rey. En este caso, dado el carácter de la futura ocupación, la cuestión sería extensible al caso de una niña que naciera para ser reina. Claro que, por muy primogénita que sea, para saber a ciencia cierta que va a llegar a serlo -al menos en el Reino de España- hacen falta garantías de que no va a tener un hermanito varón que la adelante en la línea sucesoria.


La respuesta es evidente: una familia real no está pendiente de si el o la heredera del trono aporta el dichoso pan, porque la familia en las que nace un rey o una reina no suele tener muchos problemas con el abastecimiento. Incluso si se trata de una monarquía parlamentaria, el Estado asigna para los gastos de la familia real una cantidad, cuyo montante dejaría más que satisfechas a la inmensa mayoría de las familias plebeyas. 

Por tanto, lo que se espera que traiga al mundo un futuro rey o una futura reina cuando nace es algo distinto a un pan, ya que, en lo que respecta a lo económico, una familia real suele tener el porvenir asegurado. Incluso si la cosa se tuerce y el rey o la reina de quien la criatura va a heredar el trono es derrocad@ y acaba en el exilio. Basta echar un vistazo a la historia para comprobar que las familias reales que han tenido que emigrar no suelen pasar hambre. Siempre hay caritativas, monárquicas y ricas almas que les ofrecen ayuda. La otra posibilidad es que el rey o la reina derrocad@ haya ido ahorrando. Por si acaso. (Este carácter previsor está también muy extendido entre dictadores plebeyos que temen tener que salir pitando.) 

Lo evidente es que, cualesquiera que sean las circunstancias, en el seno de las familias reales no se pasan necesidades materiales. Salvo, claro está, que el listón se coloque muy alto y la familia o alguno de sus miembros destacados tengan necesidades que para ser satisfechas necesiten cantidades exageradas. Al parecer, es el caso de un conocido rey al que los medios de comunicación atribuyen que, además de la cantidad asignada por el Estado, necesitaba otros 100.000 euros al mes para cubrir gastos. Lo cual da pistas sobre por qué le resultaba insuficiente la paguita de apenas 16.000 euros mensuales que recibía después de dejar el trono. Un ejemplo del despilfarro es que, según dicen, pasa sus vacaciones en un hotel en el que la habitación cuesta unos ¡11.000 euros al día

La verdad es que, si se toma como referencia a este rey (y a algunos otros que en la historia han sido), la conclusión es que lo que trae al mundo un niño (o una niña) destinado a ser rey (o reina) es lo que atribuía mi ama a quien se ponía un poco tonto (o tonta): ¡mucha soberbia! Al menos en potencia.

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