Negro sobre blanco / Opinatorio
El papa de Pelé vs el loco del pelo naranjaabril 2025
Para un argentino solo hay dos posibles dioses del fútbol: Maradona y Messi. Sin embargo, el papa Francisco, hincha declarado del Club Atlético San Lorenzo de Almagro del barrio de Boedo de Buenos Aires, proclamó como mejor jugador de fútbol de todos los tiempos al brasileño Edson Arantes do Nascimento “Pelé”.
Dirigida por Vincente Minnelli, en 1956 se estrenó El loco del pelo rojo, que recorre la obra del pintor impresionista Vincent Van Gogh, interpretado por Kirk Douglas. La película muestra que dicha obra “no es más que un reflejo de la ansiedad, la sensación de fracaso y la soledad que lo llevaron, finalmente, a la locura” (www.filmaffinity.com).
Desde hace una temporada, el protagonista de la actualidad es el presidente estadounidense Donald Trump. Lo es porque, aunque moleste reconocerlo, es el personaje con más poder coercitivo del mundo y, al mismo tiempo, una seria amenaza contra los valores de la democracia, la convivencia pacífica entre países y el progreso que promueva la igualdad.
Estos últimos días, el protagonismo mediático del susodicho ha sido eclipsado por el fallecimiento del papa Francisco. A juicio de muchos, el que que ha sido defensor de los oprimidos y desfavorecidos de la Tierra es la única persona que, desde el poder que le confería su autoridad ética y moral, podía hacer frente al discurso nihilista de Trump.
Seguramente ambos personajes marquen el devenir del siglo XXI y, quizás, cambien también el curso de la historia. Para saberlo hará falta esperar a tener perspectiva histórica suficiente. Una perspectiva que, en mi opinión, deberá interpretarse en clave de sabiduría oriental: esa que a menudo menospreciamos quienes vivimos en los países ricos del académicamente denominado “Norte Mundial”.
Post scriptum. Sobre esa visión oriental de la perspectiva historica se cuenta que Zhou Enlai (1898-1976), el que fuera primer ministro de la República Popular China desde 1949 hasta 1976, en 1972, durante la visita del presidente estadounidense Nixon a China, al ser preguntado sobre las consecuencias de la Revolución Francesa respondió que era demasiado pronto para saberlo. No obstante, hay un testigo presencial que asegura que las palabras del dirigente comunista chino no se referían a la Revolución de 1789 sino a las protestas de Mayo de 1968. Dicho testigo apostilla que “fue un malentendido demasiado delicioso como para ser corregido".

