Negro sobre blanco  /  Opinatorio

Las Soprano2014

Hace unos años vi la famosa serie de televisión “Los Soprano”. Y aunque había personajes algo rebuscados y con un comportamiento esperpéntico, lo que me resultaba menos creíble era la forma de comportarse de las esposas de los gánsteres.

El habitual flujo de llegada a sus domicilios de dinero o de todo aquello que pudiera comprarse con él no parecía resultarles sospechoso, y en sus conversaciones habituales -incluso en las que se suponía que estaba garantizada la confidencialidad- no parecían darse por enteradas de la forma en que se conducían sus maridos para lograr tan suculento botín.

Como ocurre casi siempre, la realidad supera la ficción. Y resulta que por estos lares se ha convertido en un hecho habitual que también haya señoras de presuntos delincuentes que no parecen haber estado preocupadas por el origen de cierto dinero que aparecía en sus cuentas corrientes (o en bolsas de supermercado, que de todo hay) o de algún bien poco susceptible de que a uno le toque en una tómbola que aparecía en su casa ni tampoco por quién pagaba algunas de sus facturas.

Algunas de estas señoras, superando en cuajo a las Soprano más conspicuas, al ser interrogadas en sede judicial sobre estos hechos no sólo responden con unos prosaicos “no se” o “no me acuerdo” o con un más ortodoxo “no me consta”, sino que, al parecer, ponen cara de no haber roto nunca un plato y de no sospechar, ni de lejos, que sus maridos pudieran haberlo hecho.

Eso de que las mujeres no sepan, más o menos, hasta dónde da de sí lo que ganan sus maridos no pasa en la vida real de los mortales comunes, aunque puede alegarse al respecto que una mayoría de las afectadas por el síndrome de las Soprano no pertenece a tal categoría. En todo caso, dado el machismo de los gánsteres de referencia y su correspondiente tendencia a tener a sus señoras en casa y con la pata quebrada, resulta incluso más creíble lo de las Soprano de la serie de ficción que lo de sus homónimas de la vida real, que parecen no saber que lo de la multiplicación milagrosa de los panes y los peces sólo es un episodio evangélico.

De seguir esta proliferación de delincuentes de “cuello blanco” y cara dura y de señoras que presuntamente no se enteran de nada, habrá que proponer a la Real Academia Española que incluya en la próxima edición de su diccionario el verbo sopranear, y que para explicar su significado se citen expresamente las poses de las Soprano de la vida real. Aunque igual el tema es más apropiado para una película de Torrente.

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