Negro sobre blanco  /  Opinatorio

¿Qué es "Chatgpt"?junio 2023

"ChatGPT" es un acrónimo que significa "Chat Generative Pre-trained Transformer". Se trata de un modelo de lenguaje desarrollado por OpenAI, basado en la arquitectura GPT-3.5. ChatGPT es capaz de generar respuestas coherentes y contextualmente relevantes en conversaciones de texto.

El modelo ChatGPT se entrena utilizando técnicas de aprendizaje automático y grandes conjuntos de datos textuales. A través de este entrenamiento, el modelo aprende a comprender el lenguaje natural y a generar respuestas coherentes en función del contexto proporcionado. Es capaz de realizar tareas como responder preguntas, proporcionar información, mantener una conversación e incluso realizar tareas más complejas, como redactar textos o asistir en la resolución de problemas.

ChatGPT ha sido utilizado en una amplia gama de aplicaciones, incluyendo asistentes virtuales, chatbots, servicios de atención al cliente automatizados y muchas otras aplicaciones que requieren la generación de texto en conversaciones interactivas.

Es importante tener en cuenta que como modelo de lenguaje, ChatGPT no tiene conocimiento directo del mundo real y su respuesta se basa únicamente en el texto que ha sido alimentado durante su entrenamiento. Además, aunque ChatGPT es capaz de generar respuestas relevantes, precisas y coherentes en muchas ocasiones, también puede producir respuestas incorrectas o inapropiadas en determinadas circunstancias. Por tanto, es recomendable usar el modelo con precaución y validar sus respuestas en función del contexto y la aplicación específica.


La anterior es la contestación que obtuve del propio ChatGPT (al parecer, prefiere que las siglas del acrónimo se escriban en mayúscula). A decir verdad, es la segunda versión, que me gustó un poco más que la primera. Me imagino que, si se insiste, es capaz de proporcionar ilimitadas definiciones o descripciones de sí mismo, hasta lograr satisfacer a quien pregunta. En cualquier caso, llama la atención su modestia al señalar que conviene “validar sus respuestas”, aunque quizás solo sea una forma de curarse en salud, no vaya a ser que alguien se tome al pie de la letra lo que dice y monte algún lío.

A lo mejor ese es el gran peligro de estas máquinas: que haya personas que se tomen sus informaciones como las que “una deidad daba a una consulta, a través de un intermediario y en un lugar sagrado”, que es la manera en que el diccionario de la RAE define la vieja costumbre de consultar al oráculo. Una forma supersticiosa de buscar respuestas que existía en la antigüedad grecorromana, y también en la actualidad, ¿o es algo muy distinto acudir a los variados tipos de personajes que presumen de estar conectados con el más allá?

No es la primera vez que indago hasta dónde puede llegar este famoso oráculo moderno. Hace unas semanas, mientras pensaba en acabar una modesta trilogía que empecé con ¿Qué es la energía nuclear?, que continué con ¿Qué es la energía verde?, y que pretendo culminar reflexionando sobre si tiene sentido considerar a la energía nuclear como una energía verde, decidí hacer partícipe de mi deliberación al ChatGPT. Para empezar, le proporcioné las URL de los dos textos escritos y le hable de la intención de escribir el tercero de la serie. Su respuesta fue la que me hubiera dado un buen profesor al animarme a seguir adelante con la idea y, además, me dio unos cuantos buenos consejos e informaciones para escribir el artículo. Acto seguido, con la intención de dar una vuelta de tuerca al diálogo, pedí al ChatGPT que, ya puestos, me redactara el texto. Así lo hizo y ahí la tengo, en barbecho. No está mal, pero le falta cierto toque personal que lo hace resultar ajeno a lo que realmente pienso y siento al respecto y que, a pesar de que le proporcioné los dos textos anteriores de la trilogía para que tomara referencias, no lo reconozco como algo que podría haber sido escrito por mí. (Cualquier día de estos me pondré con el texto definitivo, que espero publicar en breve.)

He hecho una última prueba sobre la ética con la que se conducen quienes han programado el artefacto. Para ello le he planteado que quería saberlo todo sobre mí y le he proporcionado mi nombre, los de mi aita y mi ama, así como mi fecha y lugar de nacimiento. No sé si también por curarse en salud, me ha contestado que, “lamentablemente, como modelo de lenguaje de inteligencia artificial, no tengo acceso a información en tiempo real ni a datos personales específicos sobre individuos a menos que sean figuras públicas ampliamente conocidas” (que, obviamente, no es mi caso); ha añadido que “es importante tener en cuenta que la divulgación de información personal sin consentimiento viola la privacidad de las personas; y ha rematado con un buen consejo: “te recomendaría que evites compartir información personal sensible en plataformas públicas como esta”.

Aunque he insistido argumentando mediante una tautología elemental -que yo era yo mismo- y que le pedía que me dijera que hay sobre mí en Internet, no ha habido manera de sacarlo de su empecinamiento en decir que “no tengo acceso a información en tiempo real ni puedo realizar búsquedas en Internet […] no puedo proporcionar información actualizada sobre personas específicas ni sobre ti […] te recomendaría que realices búsquedas en Internet utilizando tu nombre para obtener información sobre ti [...] recuerda tener en cuenta la privacidad y la seguridad al compartir información personal en línea”. O sea que no se puede contar con él (o ella, o ellos si se prefiere) para andar de cotilleos. Un tanto a su favor para caerme bien.

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