Negro sobre blanco / Opinatorio
Teta vs móviljunio 2026
Si, esporádicamente y durante un breve espacio de tiempo, un bebé fija su atención en mirar imágenes en una pantalla, no hay evidencias científicas que permitan afirmar que hacerlo vaya a ocasionarle efectos perjudiciales. No obstante, entre las personas e instituciones que se ocupan de preservar la salud de quienes llevan poco tiempo en este mundo cruel, hay preocupación sobre los efectos de esa actividad si es demasiado habitual o se realiza durante un tiempo prolongado.
Esta preocupación está causada, sobre todo, por la alta probabilidad de que la excesiva presencia de las pantallas en el día a día de las criaturas sustituya a la realización de actividades imprescindibles para su desarrollo, como son, por ejemplo, jugar manipulando objetos, interaccionar verbalmente con adultos o dedicarse a explorar el entorno. En particular, la alarma se dispara si la atención dedicada a artefactos audiovisuales llega a alterar la cantidad o la calidad del tiempo que los bebés deben dedicar a alimentarse o a dormir.
Desde esta reflexión inicial, las personas expertas en la materia han llegado a una conclusión que puede servir de pauta: el problema no es tanto el efecto que mirar una pantalla pueda ejercer sobre el bebé, sino que lo más relevante es lo que deja de hacer mientras tiene fijada la atención en la pantalla. Les cuento una experiencia personal, tan anecdótica como significativa.
A primera hora de la mañana de un día de esta primavera caminaba por una calle del barrio en el que vivo. En los soportales de un edificio público estaba sentada una madre que, mientras esperaba a que abrieran las puertas, aprovechaba para alimentar a su bebé. La criatura, que tendría algo más de medio año, estaba plácidamente dedicada a mamar del pecho de su amatxo cuando, de pronto, dejó de hacerlo y movió la cabeza hacia un lado. El motivo era que la madre había puesto cerca de su cara el móvil que llevaba en la mano. No sé si porque el aparato había emitido algún sonido o simplemente por la luz de la pantalla, el resultado fue que el bebé había dejado de lado la teta para fijar su atención en el móvil.
Mi visión de la escena duró apenas unos segundos. Me hubiera gustado saber como se resolvía el incidente, pero no era cuestión de detenerme a mirar para averiguarlo. En cualquier caso, me hizo pensar en los efectos que tiene la excesivamente habitual presencia de móviles o táblets en la vida cotidiana actual. Es evidente que el bebé del episodio descrito había tenido el impulso de prestar atención al móvil de su madre y, como consecuencia, había abandonado la que probablemente es la actividad más hermosa de la vida humana. Seguro que cada cual tendrá en mente otras situaciones en las que se producen dilemas similares, pero seguro que hay consenso generalizado en que tener que elegir entre mamar de la teta de la ama o mirar un móvil no debería ser una opción.

