Negro sobre blanco / Reflexiones de un estudiante de “letras”
Amistades virtuosasjunio 2026
Hace unos días escuché al filósofo David Pastor Rico (1976) clasificar las relaciones entre las personas según el elemento clave en que se sustentan: el deseo, el interés o la virtud. Como él mismo señaló, el planteamiento es de Aristóteles (384-322 a. C.) que, en su obra Ética a Nicómaco, afirma que las personas que mantienen una relación porque de ella obtienen un beneficio desconocen la amistad perfecta, que es aquella que hace más virtuosas a quienes participan de ella.
Siempre que leo o escucho referencias a autores a los que no puedo leer en la lengua en que escribieron su obra, me asalta la duda sobre la fidelidad con los textos originales de lo que han llegado hasta mí tras pasar por una o varias traducciones o interpretaciones previas. En el caso de la reflexión de Aristóteles -que después han analizado, entre otros, autores como Cicerón o Tomás de Aquino- la primera cuestión que me planteo es el significado que debe darse a los términos deseo, interés y virtud.
En la actualidad, deseo tiene una inevitable connotación sexual, pero esta es, según parece, una deformación moderna del enunciado aristotélico original. En aquel se hacía referencia a la relación basada en el placer, entendido como el gusto de una persona por compartir tiempo con otra, bien fuera para compartir diversiones o, simplemente, por la satisfacción de cada una de ellas por gozar de la compañía de la otra. Por tanto, la relación basada en el deseo/placer sería la de quienes disfrutan compartiendo vivencias, sin necesidad de que entre ellas exista un componente pasional. Se basa, por tanto, en que les agrada estar juntas y, lógicamente, durará mientras dure ese agrado mutuo.
Por su parte, tampoco se le debe dar una interpretación peyorativa a que las relaciones estén basadas en el interés. Son relaciones que producen a las personas implicadas ciertos beneficios, que pueden ser profesionales, económicos, sociales, etcétera, pero que también pueden ser estrictamente intelectuales. En cualquier caso, son relaciones con cierto contenido práctico o instrumental, que se debilitan cuando el beneficio mutuo que se obtiene se hace más débil o desaparece.
Finalmente, para Aristóteles la categoría más elevada es la amistad basada en la virtud, concepto que no debe entenderse como algo moral, asociado al camino de perfección al que se refería Teresa de Ávila (1515-1582). Es una relación en la que cada persona aprecia a la otra por su bondad, por su integridad, por su forma de ser y de conducirse en la vida de forma orientada siempre hacia el bien. En esta relación, cada persona quiere el bien de la otra, no por el placer o la utilidad que pueda obtener, sino porque es lo que la otra se merece.
En una interpretación más contemporánea, los conceptos aristotélicos en que se sustentan las relaciones pueden entenderse como formas diferentes -y no excluyentes- de valorar a la otra persona: deseo sería lo que nos hace sentir; interés, lo que cada una obtiene de la relación; y la virtud estaría relacionada con la pregunta sobre quién es la otra persona y qué es lo bueno que quiero para ella.
En definitiva, ni Aristóteles ni las versiones más actuales sobre sus tesis sobre las relaciones deben llevar a concluir que una amistad virtuosa debe rechazar el placer o a la utilidad. Por el contrario, en una amistad orientada a la excelencia lo más lógico es que ambos elementos estén presentes, aunque subordinados al respeto profundo para con la otra persona y al propósito de que la amistad conduzca a ambas hacia el bien o, si se prefiere, hacia la virtud.

