Negro sobre blanco  /  Reflexiones de un estudiante de “letras”

La cuarentona y los setentonesenero 2019

El eco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos -cuyo alcance teórico y limitaciones reales tardé algún tiempo en comprender- me ha acompañado durante toda la vida. La polémica suscitada (al menos en estas tierras del norte) por la aprobación y el desarrollo de la vigente Constitución ha sido un elemento recurrente en las reflexiones políticas realizadas a lo largo de mis años de militancia sindical y vivencias democráticas. ¡Qué menos que dejar constancia de sus recientes aniversarios!


La Constitución de 1978 acaba de cumplir cuarenta años. Incluso para quienes no le dimos nuestro voto, fue un hito histórico que separó una época larga y oscura del comienzo de una nueva etapa con mejores expectativas. Y como cuarentona merece un respeto. No por su contenido (sin duda, mejorable) ni por la forma (a veces, desoladora) en que ha sido interpretada y llevada a la práctica, sino por el multidimensional punto de inflexión que supuso para los ciudadanos y las ciudadanas que integramos las diferentes naciones que, pese a quien pese, se superponen sobre el territorio del Estado español.

Los Derechos Humanos acaban de cumplir setenta años. Recogidos, en primera instancia, en la Declaración Universal de 1948, siguen siendo un referente para quienes creemos en valores universales como la libertad, la igualdad o la justicia. Y lo son incluso para quienes nunca los han leído ni saben que no son derechos que cualquier persona pueda reivindicar en un tribunal de justicia o ante algún poder político con capacidad para garantizarlos. De hecho, en muchas partes del planeta, sólo reclamarlos sería perseguido como delito; en especial si quien lo hace es mujer.

Tanto la cuarentona como los setentones, como símbolos añejos que son y precisamente por ello, están obligados a ir mutando para adaptarse a las exigencias del cambio de los tiempos. Los setentones, aunque más que derechos siguen siendo bienintencionados desiderátums, han tenido una sucesión significativa, como son el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ambos nacidos en 1966).

Por su parte, para poder ser venerable por siempre y, al tiempo, sortear la inevitable -y evidente- decadencia, la cuarentona debería dar paso a su sucesora. Esta debería tener como uno de sus objetivos servir de punto de encuentro para aportar racionalidad y esperanza a la convivencia en la piel de toro, cualquiera que sea la forma política en que ésta se articule territorialmente. Su otra vocación debería ser, precisamente, servir como instrumento para impulsar la vigencia en la práctica de los setentones y de sus vástagos europeos: Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales; Carta Social Europea; Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

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