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¿Fue Marx el último socialista utópico?febrero 2020

Marx y Spencer, enemigos para siempre

La historia suele hacer que enemigos irreconciliables compartan espacios vitales (y, en ocasiones, también trabajos académicos). Es el caso de Karl Marx y Herbert Spencer. Los cronistas de la época (mediados del siglo XIX) dicen que no se soportaban; además, a la fatalidad de haber tenido que vivir durante muchos años en la misma ciudad –Londres-, hay que añadir una curiosa condena in saecula saeculorum. Por cierto, uno de los comentarios sobre Marx que contiene el primero de los textos adjuntos ha hecho obligatorio escribir el segundo.


En el trabajo académico Herbert Spencer y Karl Marx: filósofos y sociólogos con soluciones contrapuestas a los problemas sociales incluí la frase: “Marx fue el último socialista utópico”, cita extraída del libro de P. C. González Cuevas y A. Martínez Alarcón (coord.) Ideas y formas políticas: del triunfo del absolutismo a la posmodernidad (Madrid: UNED, 2010). El profesor que me corrigió el texto discrepó de la afirmación con el inapelable argumento de que Karl Marx (1818-1883) nunca planteó un objetivo que la humanidad debía alcanzar: el comunismo no era para Marx un ideal utópico, sino el escenario final resultante de la lucha de clases -burguesía vs proletariado- inherente al modo de producción capitalista. 

No hay ningún autor en la historia del pensamiento político cuya obra haya dado lugar a tantas y tan polémicas interpretaciones. Como escribí en el mencionado texto académico, “seguramente, ha sido el ideólogo político con más seguidores incondicionales y detractores furibundos de la historia de la humanidad”. Por tanto, es misión imposible tratar de dar una explicación incontestable a las ideas de Marx. Mi pretensión es más modesta: solo aportar algunos datos y argumentos para avalar que, con matices, no está fuera de lugar responder afirmativamente a la pregunta que encabeza este texto: ¿Fue Marx el último socialista utópico? 

Es perentorio que Marx reivindicaba sus planteamientos como socialismo científico (1) en contraposición, precisamente, a los planteamientos de aquellos a quienes consideraba socialistas utópicos, cuyas ideas y propuestas fueron objeto de sus críticas en el Manifiesto Comunista (2) (famoso texto político que comienza con una frase inquietante: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, para concluir con un beligerante: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”). En el manifiesto, que escribió junto con Friedrich Engels, hay un apartado específico -que, significativamente, lleva por título EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO CRITICO-UTOPICO-, en el que señalan expresamente como objeto de sus críticas a los sistemas socialistas y comunistas propugnados por autores como Saint-Simon, Fourier u Owen.

Aunque aceptan que “los inventores de estos sistemas se dieron cuenta del antagonismo de las clases”, rechazan sus planteamientos porque “a la actividad social anteponen su propio ingenio; a las condiciones históricas de la emancipación [del proletariado], condiciones fantásticas; a la organización gradual y espontánea del proletariado en clase, una organización completa fabricada por ellos”. En opinión de Marx y Engels, estos pensadores no solo “desean mejorar las condiciones materiales de la vida para todos los miembros de la sociedad, hasta para los más privilegiados”, sino que “repudian toda acción política, y sobre todo, toda acción revolucionaria”. En definitiva, aunque reconocen a los citados autores haber contribuido con “materiales de un gran valor para instruir a los obreros”, consideran que sus planteamientos respecto al futuro de la sociedad “no tienen más que un sentido puramente utópico”. 

El Manifiesto Comunista fue escrito en 1848, cuando Marx tenía 30 años. Antes, en 1844, había redactado los Manuscritos económico-filosóficos (que no salieron a la luz hasta 1932), en los que, por ejemplo, habla de un concepto filosófico tan relevante como la alienación. En 1845, en las Tesis sobre Feuerbach (texto publicado también tras su fallecimiento), Marx había afirmado: “Hasta ahora, los filósofos se han dedicado a contemplar el mundo; pero de lo que se trata es de transformarlo”. Tras casi dos décadas -en las que publicó otra decena de libros-, en 1867 llegaría la primera parte de El capital (las otras dos las publicó Engels tras su muerte). Y en todas estas obras, no sólo no se habla de un escenario final utópico, sino que estudiosos del marxismo opinan que uno de los motivos por los que las ideas de Marx han tenido tantas y tan controvertidas interpretaciones es, precisamente, porque no dijo qué había que hacer después de la revolución

Sin embargo, hay un texto escrito en 1875, Crítica del programa de Gotha, que inicialmente sólo fue conocido por dirigentes del socialismo alemán (3), que celebraba un congreso de unificación para constituir lo que luego sería el Partido Socialdemócrata Alemán. En ese texto Marx deja volar su imaginación y describe su utopía comunista: la sociedad de la abundancia, sin clases sociales ni Estado, que sintetiza como “una fase superior de la sociedad comunista, cuando la esclavizadora subordinación del individuo a la división del trabajo y con ello a la antítesis entre trabajo mental y físico haya desaparecido… la sociedad podrá inscribir en su estandarte: ¡De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades!

En una clasificación de autores que han reflexionado sobre la organización política de la sociedad, sería imperdonable incluir a Marx entre los que son agrupados bajo la denominación de socialistas utópicos. Los cuales, en buena medida, han sido denominados de esta forma precisamente para distinguirlos del socialismo/comunismo postulado por Marx, que, a su vez, para diferenciarse de los denominados sistemas socialistas y comunistas utópicos, es conocido como socialismo científico

En todo caso, para ser científico, cualquier pensamiento -político o de cualquier otra índole- no basta que se autodenomine como tal; ni siquiera es suficiente que se sustente en datos y postulados supuestamente científicos. Debe someterse, además, a una regla básica de la ciencia, que, en su obra El político y el científico, Max Weber (1864-1920) sintetiza magistralmente: “todo “logro” científico significa nuevos problemas y quiere ser superado y envejecer… llegar a ser superado es no sólo nuestro destino sino también nuestra finalidad”. Es posible que Marx elaborara su obra con plena vocación científica, pero es seguro que entre sus seguidores -y también entre sus detractores- hay demasiados que han elevado sus teorías al rango de dogmas.    

¿Fue Marx el último socialista utópico? Ha quedado claro que Marx no es clasificable entre los socialistas utópicos, aunque no pueda denominarse sino utopía su visión de la sociedad comunista que, según su intuición, debería surgir como escenario final de la lucha de clases. Y es una utopía aunque se acepte que “para Marx, el comunismo no es un ideal, sino el sentido de la evolución de la historia” (4) y se convenga que el advenimiento de su pluscuamperfecta sociedad comunista, en palabras del propio Marx, “es el final de la prehistoria; comienza la historia propiamente humana”. Y quien plantea una utopía puede ser llamado, con propiedad, utópico.

(1) Fue Engels quien acuñó este término, para distinguir el socialismo basado en el materialismo histórico y el estudio de la economía del denominado socialismo utópico (economipedia.com). (2) K. Marx y F. Engels, 1848, El manifiesto comunista, 2000, Ediciones elaleph.com. (3) Se dice que estos dirigentes se referían a Marx y Engels como los dos viejos de Londres, ciudad en la que estos residían. (4) Es una frase recogida en el libro de J. Botella, C. Cañeque, E. Gonzalo (ed.), El pensamiento político en sus textos. De Platón a Marx (Madrid: Tecnos, 2014, p. 430).
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