Negro sobre blanco  /  Reflexiones de un estudiante de “letras”

Una Reina profesional2014

La abdicación de Juan Carlos I ha generado un repunte en el interés del personal por posicionarse sobre la monarquía. Sin extenderme en consideraciones politológicas, diré que soy partidario de que el Jefe del Estado sea elegido por la ciudadanía mediante sufragio universal. O sea que, como vulgarmente se dice, soy republicano. Aunque sin que ello me lleve a considerar que un régimen republicano es, como el bálsamo de Fierabrás, una poción mágica capaz de curar todos los males.

No obstante, mi predilección republicana no es óbice, valladar o cortapisa para que me posicione a favor de considerar a la Reina Sofía una buena profesional, entendido dicho término según una de las acepciones indicadas en el diccionario de la RAE: "persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación". En el mismo texto se recoge que profesión es el "empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución", definición que, a mi juicio, encaja perfectamente en el asunto.


Mi opinión favorable a la profesionalidad de la Reina comienza a forjarse en el año 1997, cuando con motivo de la celebración del Año Europeo contra el Racismo formé parte -en representación de ELA- de un comité organizado al efecto, lo que me dio la oportunidad de ver actuar a la Reina Sofía en vivo y en directo. En efecto, en el año y por el motivo ya señalados, se celebró en Toledo un acto institucional presidido por la Reina al que fuimos convocados los miembros del susodicho comité. Acabado el ceremonial de los discursos, se ofreció a los asistentes un tentempié, en el transcurso del cual hubo un par de detalles que me confirmaron la tantas veces predicada profesionalidad de la Reina Sofía.

Uno: ¿qué se imaginan que debe comer y beber en un acto público la Reina de España? Si se utiliza la lógica, la respuesta es inequívoca: jamón ibérico y vino. Y este fue, efectivamente, su menú. Y además el jamón lo cogió directamente con la mano.

Dos: el convite era al aire libre, en un recinto en forma de "L”" La Reina estaba situada en el palote pequeño de la "L", y cuando consideró que ya había finalizado su tiempo de presencia en el evento, los y las barandas que se ocupaban de la seguridad organizaron un pasillo que conducía a la Reina hasta su coche, ubicado justo en el vértice de la "L". La Reina se despidió, una por una, de todas las personas (varias decenas) que estaban ubicadas en el palote pequeño de la "L". ¿Y que creen que hizo al llegar al vértice de la "L"? Utilicemos de nuevo la lógica: llega al vértice de la "L", saluda amablemente agitando la mano al conjunto de la concurrencia, se sube en el coche y... misión cumplida. Pues no. Al llegar al vértice de la "L", no se subió al coche sino que recorrió el palote grande de la "L" para despedirse, una por una, del resto de las personas asistentes (que eran otras varias decenas).

Sin embargo, el hecho determinante para posicionarme definitivamente a favor de la profesionalidad de la Reina Sofía me sobreviene cuando veo por televisión el reportaje sobre la comparecencia de la nueva Familia Real en el balcón del Palacio Real de la Plaza de Oriente de Madrid.

Primero sale el recién proclamado Rey Felipe y luego, sucesivamente, la Reina Letizia, las Infantas y, finalmente, el Rey Juan Carlos y la Reina Sofía. Según van entrando en escena, los regios personajes, en demostración de afecto, van dando ósculos al resto del elenco. La última en repartirlos es la Reina Sofía, que culmina la faena depositando un rotundo beso en la mejilla del Rey Juan Carlos. ¡Eso si que es una prueba definitiva y concluyente de la profesionalidad de la Reina Sofía! ¿O no?

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