Negro sobre blanco  /  Reflexiones de un estudiante de “letras”

Voto en blancomarzo 2019

Se ve que estamos entrando en un periodo particularmente intenso de la cuasipermanente campaña electoral en la que vivimos desde hace tiempo. Debe ser ese el motivo por el que hace unos días se cruzó en mi camino un señor para entregarme una cuartilla, escrita en euskara y castellano, que promovía el voto para un partido singular: Escaños en Blanco – Aulki zuriak.

El modesto folleto abogaba por que las personas que votan en blanco (que lo hacen para poner de manifiesto que no desean optar por ninguna opción política de las que concurren a la cita electoral), en lugar de introducir en la urna un sobre vacío, coloquen en dicho sobre la papeleta del citado partido. El compromiso que adquiere con quienes le otorguen su voto en blanco es no ocupar físicamente los escaños o asientos que le correspondan, para dejar patente, de forma visual y efectiva, que allí (no) están representados quienes han votado en blanco.


Reconozco que he votado en blanco muchas veces y en toda clase de elecciones. Para justificar mi decisión podría alegar que desde los albores de la transición política he militado en ELA (sindicato radicalmente independiente de cualquier partido político) y traer a cuento mis concomitancias ideológicas con el anarcosindicalismo (intuidas tras analizar a posteriori mis habituales posiciones políticas y sindicales). Pero el verdadero quid del asunto ha sido la dificultad para, en muchos momentos de mi trayectoria como elector, encontrar planteamientos políticos que, al menos, no entraran en contradicción con mi forma de ver y entender las cosas.

En algunos comicios se me ha pasado por la cabeza no votar (de hecho, ha sido la postura elegida para algún que otro referéndum, cuando la abstención parecía la posición política más adecuada). Pero, en general, participar en la elección de representantes siempre me ha parecido un deber ciudadano inexcusable (lo de las asambleas suena romántico, pero no sirve para vertebrar sociedades extensas y complejas). Claro que hay ocasiones en que uno empieza a descartar alternativas y, al final, se queda sin ninguna papeleta para meter en el sobre. Y es entonces cuando la opción es el voto en blanco.

Muchas personas tienen ideas bastante obtusas respecto a los votos en blanco. Hay quien identifica votar en blanco con abstenerse de ir a votar, creencia que no es en absoluto correcta. En efecto, con la actual normativa electoral, las abstenciones (así como los votos nulos) no se contabilizan como votos válidamente emitidos, en tanto que sí se tienen en cuenta los votos en blanco. Y sobre el total de votos válidos se calcula el número de votos que debe haber obtenido una candidatura para superar el porcentaje mínimo exigido por la ley, conditio sine qua non si se pretende entrar en el cálculo del reparto de representantes. También hay quienes piensan erróneamente que los votos en blanco se suman sistemáticamente a la alternativa ganadora o que, cuando menos, hay un complejo y perverso mecanismo de recuento de votos que hace que favorezcan siempre a la opción mayoritaria.

Con este panorama, la opción de pedir el voto en blanco para hacerlo visible planteada por Escaños en Blanco - Aulki zuriak parecía interesante. Sobre todo porque iba acompañada del compromiso de renunciar a cobrar las subvenciones y los sueldos que les pudieran corresponder por la representación obtenida, amén de la promesa de disolverse como partido si una hipotética ley electoral futura reconociera la representación efectiva de los votos en blanco (que, además de ser, como queda dicho, votos emitidos válidos a todos los efectos, son votos razonables y respetables, a diferencia, por ejemplo, de aquellos votos nulos que pretendan cachondearse del proceso electoral).

Sin embargo, al indagar más a fondo la razón de ser del partido que pretendía captar los votos en blanco, encontre en su web algunos planteamientos demasiado poco solemnes. Es una excelente idea que los escaños o asientos que deberían adjudicarse a los votos en blanco queden vacíos como símbolo de la discrepancia con el modo de proceder de quienes protagonizan la partitocracia en la que estamos inmersos. Pero votar en blanco, aunque sea un gesto que se realiza desde la discrepancia con todas las opciones políticas que concurren a las elecciones, no sólo debe ser una postura ciudadana seria y responsable, sino también respetuosa y solidaria con las personas que acuden a votar con el honesto propósito de buscar la mejor alternativa para gestionar las instituciones.

Por ello, si se da el caso -que es probable que se dé-, me temo que para votar en blanco seguiré llevando a la urna el sobre vacío. Y luego esperaré atento los resultados para saber quiénes han ganado. Porque en ello nos va mucho a tod@s. Incluso a quien va por la vida de anarcosindicalista.

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