¡Oh deporte!  /  A bote pronto

Vieja y nueva RFEFfebrero 2018

Reflexionar y escribir sobre un deporte tan apasionante como el fútbol tiene su aquel. Sin embargo, basta pensar unos instantes sobre la RFEF para sentirse invadido por una tremenda sensación de hartazgo. El motivo es que el único debate en vigor sobre la “entidad asociativa privada” (sic) más siniestra del Estado es el escaso grado de legitimidad que tiene la vieja asamblea de la RFEF para dilucidar si el sustituto de Villar al frente del engendro es Larrea (su tesorero durante su larga travesía por la RFEF), Rubiales (expresidente de la indescriptible AFE) u otro artista similar.

Son muchos los que opinan (por ejemplo, he oído a José Ramón de la Morena decirlo reiteradamente) que para garantizar un buen futuro para la RFEF -y, por ende, para el fútbol- lo que hace falta es elegir con pureza democrática una nueva asamblea, y que sea esta la que decida quién tiene que ser el nuevo presidente. ¿Quienes viven de opinar sobre fútbol son tan ingenuos como para imaginar una asamblea de la RFEF sin componendas previas? ¿No ven que el problema es que el viejo modelo corporativista de la RFEF está caduco? ¿Los que permiten que la RFEF sea como es no se han percatado de que sólo sirve para mal gestionar las selecciones españolas y para entorpecer la modernización del fútbol? Estas cuestiones están vigentes hace varias décadas. Y lo peor es que seguirán estándolo dentro de otras tantas.

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