¡Oh deporte!  /  Historias de Anoeta

¿Campo de fútbol o estadio con pistas de atletismo?2014

“…entre los fallos cometidos en Anoeta… hay algunos que podrían -y deberían- no haberse cometido por una sencilla razón: no hacía falta que pasaran veinte años para que se certificaran como errores, porque ya entonces había datos suficientes para saber que algunas de las decisiones tomadas eran erróneas” (jga, 2014)

Uno de esos errores que nunca deberían haberse cometido es la construcción de las pistas de atletismo que circundan el campo de fútbol del estadio de Anoeta. Cuando se decidió hacerlo, se hicieron loas a la pseudovocación atlética de la instalación, cuando en realidad sólo se trataba de buscar una fórmula para financiar el proyecto. Ahora, pasados más de veinte años, para defender que hay que quitar las dichosas pistas se vienen utilizando de nuevo argumentos inconsistentes y aseveraciones genéricas y poco sustentadas en datos mínimamente elaborados y contrastados.


¿Qué te parece más adecuado: un campo de fútbol o un estadio con pistas de atletismo? La pregunta me la planteó una de las personas que formaba parte del grupo de representantes institucionales que deliberaban sobre la mejor alternativa -y, sobre todo, cómo financiarla- para el espacio deportivo en que iba a jugar sus partidos la Real Sociedad en sustitución del viejo campo de Atotxa

Mi contestación fue inmediata e inequívoca: un campo de fútbol sin pistas de atletismo. Esta respuesta se fundamentaba en argumentos y datos que, a mi juicio, eran suficientemente concluyentes.

Desde hacía décadas, en Anoeta había unas pistas de atletismo, en las que, entre otros/as deportistas, entrenaban cotidianamente un gran número de atletas guipuzcoanos/as. Dada la manifiesta incompatibilidad de uso, no parecía razonable que unas pistas de atletismo ubicadas alrededor del campo de fútbol en que iba a jugar la Real Sociedad estuvieran destinadas a sustituir a las pistas viejas. En consecuencia, las pistas de atletismo de uso cotidiano debían ser otras (son las actuales pistas del miniestadio, que inicialmente se denominaron “pistas auxiliares” de las del estadio). 

Por tanto, el único argumento deportivo para ubicar unas pistas de atletismo alrededor del nuevo campo de fútbol de la Real era su utilización para grandes eventos de atletismo. Sin embargo, ni ahora hay, ni hace veinte años había un abanico de competiciones de atletismo susceptibles de celebrarse en Donostia con cierta asiduidad -por lo menos una vez al año- y que pudieran justificar el emplazamiento de unas pistas en un estadio de más de 30.000 espectadores. 

En primera instancia, había que descartar las competiciones de ámbito vasco y estatal, que nunca han podido aspirar congregar un alto número de espectadores. Tampoco era lógico prever que pudieran organizarse con cierta asiduidad en Anoeta campeonatos de ámbito europeo o mundial que, además, tampoco eran garantía de que se fuera a cubrir una parte importante del aforo. La única alternativa que, en teoría, alguien podría haber barajado para un uso habitual del estadio (hay que subrayar que cuando se dice habitual, se está hablando de una vez al año) para el atletismo espectáculo sólo podía ser la celebración de mítines de atletismo. 

Ahora todo el mundo parece tener claro que es inabordable la organización cada año de un mitin de atletismo en Donostia capaz de convocar una afluencia digna de un estadio con más de 30.000 asientos. Pero esto ya estaba meridianamente claro hace más de veinte años, porque en la segunda mitad de los años 80 y principios de los 90 se habían celebrado varios mítines en la pista cubierta del velódromo de Anoeta, con presencia de atletas de altísimo nivel (como el velocista y saltador de longitud Karl Lewis o el pertiguista Segey Bubka, con record mundial in situ incluido), y el número de espectadores de pago nunca se acercó a los 10.000, con lo que los mítines fueron netamente deficitarios (se sufragaban con las aportaciones de las administraciones públicas). 

Y si todo lo expuesto ya se sabía cuando se debatía el diseño del nuevo campo para la Real Sociedad, ¿por qué se tomó la decisión de ubicar alrededor del campo las pistas de atletismo? Veamos una sucinta revisión de los hechos y, en su caso, formulemos hipótesis razonables sobre los extremos menos conocidos del proceso que llevó a concluir que la mejor de las opciones posibles era construir las dichosas pistas: 

1)   El Ayuntamiento de Donostia tenía una deuda moral con la Real Sociedad, ya que se había opuesto a que ésta construyera su nuevo campo en Zubieta, para lo que el club habría contado con una más que posible -e irrepetible- ayuda económica proveniente de los recursos generados por el Mundial de Fútbol de 1982 celebrado en España. Si el ayuntamiento donostiarra no se hubiera opuesto al proyecto propugnado por la Real Sociedad, presidida en aquel momento por el D. José Luís Orbegozo, San Sebastián habría sido con toda probabilidad sede de aquel mundial y la Real habría tenido un campo propio en Zubieta

Hay que contar con que los argumentos municipales para oponerse a los planes de la Real fueron estrictamente urbanísticos y, con toda seguridad, técnicamente irreprochables. No obstante existe una leyenda urbana al respecto, que dice que en aquel momento también estuvieron sobre la mesa argumentos deportivos de quienes consideraban que un campo ubicado en Zubieta hubiera sido la tumba para la Real Sociedad. Sea como fuere, lo cierto es que el Ayuntamiento estaba moralmente obligado a dar una alternativa a la Real Sociedad, que debía abandonar, más pronto que tarde, el viejo Atotxa

2)   El Ayuntamiento no disponía de los recursos económicos suficientes para afrontar en solitario la construcción de un nuevo campo de fútbol para la Real Sociedad y acudió a la Diputación Foral de Gipuzkoa en demanda de colaboración, que desde un primer momento se mostró favorable a participar en el proyecto.  

No obstante, dado que desde el principio estuvo bastante claro que la ubicación del nuevo campo iba a ser Anoeta y que para ello era necesaria una intervención de gran calado, se consideró imprescindible involucrar en el proyecto al Gobierno Vasco, y también al Consejo General de Deportes del Gobierno de España (que acabó financiando la construcción de la piscina cubierta de 50 metros). 

3)   El planteamiento inicial del Gobierno Vasco fue que no era factible aportar recursos económicos del presupuesto gubernamental para construir un campo de fútbol para la Real Sociedad sin correr el riesgo de que otros clubes, como el Athletic o el Alavés, demandaran de inmediato su correspondiente tajada económica. 

Y he aquí que, en ese momento, alguna mente privilegiada se saca de la chistera un argumento irrefutable para cuadrar el círculo: no construyamos un campo de fútbol para la Real Sociedad sino el Estadio de Euskadi, una gran instalación de ámbito autonómico en la cual, dado que está ubicada en Donostia, jugará casualmente la Real Sociedad. Y todos contentos: el Gobierno Vasco pone dinero, tal y como solicitan el Ayuntamiento y la Diputación, la Real Sociedad acaba teniendo en Anoeta un nuevo campo en el que jugar. Y, además, con esta fórmula nadie está legitimado para reclamar nada al Gobierno. Todo perfecto. 

4)   Dicho y hecho. Todo el mundo se pone el disfraz de lagarterana: el Gobierno, el Ayuntamiento, la Diputación y, también, la Real Sociedad. Mientras, las fuerzas vivas del atletismo se erigen en la clac del espectáculo, al tiempo que se sienten protagonistas y proclaman la bondad intrínseca de la decisión. 

En definitiva: se decide incluir las pistas de atletismo en el proyecto, se argumentan unas inconsistentes milongas filoatléticas (lo más grave del asunto es que probablemente algún indocumentado se las creía o hasta se la cree todavía). Eso si, al poco tiempo, el Gobierno Vasco acaba dando unos dinerillos al Athletic con no-importa-qué-excusa (o sea, como siempre). 

Y, colorín, colorado, he aquí que se colocaron alrededor del campo unas molestas pistas de atletismo que, además de haber costado su dinero y condicionado el diseño global del campo de fútbol, han servido para lo poco que han servido. Y aquí paz y después…, con el tiempo, casi todo el mundo se olvida de sus acciones u omisiones en el asunto y pasa a proclamar que, pasados veinte años y comprobado lo que ya entonces era sabido -que apenas se iban a utilizar-, hay que quitar las pistas de atletismo. Y, de paso, como quien no quiere la cosa, prospera la idea de que hay que hacer un campo de fútbol cuasinuevo para la Real Sociedad. Pero esta es otra historia de Anoeta, que se merece un capítulo aparte.

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