¡Oh deporte!  /  Historias de Anoeta

Reinauguración de Anoetaseptiembre 2019

La opinión publicada ha proclamado que el sábado 14 de septiembre de 2019 ha empezado una nueva era en la historia de la Real Sociedad. El hito que marca su comienzo es la reinauguración del remodelado estadio de Anoeta (que no se empeñen: la afición realista no va a denominar con otro nombre el campo en el que juega su equipo desde hace ya muchos años).

En diciembre de 2015, di por finalizada la serie de historias de Anoeta sobre las vicisitudes y los errores que acompañaron la construcción del viejo estadio y sobre las incógnitas -todavía no resueltas- que han rodeado su remodelación. En particular, en el último de los textos de la saga decía que “sobre el retorno económico que la inversión va a suponer para las arcas de la Real Sociedad, sólo queda reiterar que no se han concretado las previsiones, en euros y en tiempo, de la supuesta rentabilidad económica de la operación”. En marzo de 2017, cuando escribí La posreforma de Anoeta, reflexionaba sobre cómo iban a ser las cosas cuando se inaugurara el nuevo campo de fútbol. Es hora de hacer recuento.


Tenía previsto dar comienzo a este texto con una frase rotunda: Es un hecho incontestable que a partir de ahora la Real va a poder hacer uso de un campo de fútbol de xxxxx localidades y sin las malditas pistas de atletismo de por medio. Y para no meter la pata con el aforo del remodelado estadio, he buscado el dato, sin éxito, en la web oficial de la Real Sociedad. Tampoco lo he encontrado en la Liga de Fútbol Profesional (que da estadísticas sobre todo tipo de chorradas futboleras). Y, tras un periplo por la red, la información más fiable me ha parecido la publicada por un periódico local ¡en otoño de 2017!: los 42.000 espectadores inicialmente previstos iban a quedar en unos 39.500 (que es la cifra que recoge la Wikipedia). Para resolver definitivamente el asunto, he optado por llamar a las oficinas de la Real Sociedad, donde me han confirmado que el dato no está todavía en la web… y que el aforo es de “unos 39.000” (sic). Sin comentarios.

En cualquier caso, la reinauguración de Anoeta ha sido un éxito. No sólo porque ganó la Real, sino, sobre todo, por el número de espectadores que asistieron: 34.719. Es un magnífico comienzo, aunque hará falta que se confirme este alto nivel de asistencia cuando se pasen la curiosidad y la euforia iniciales, y empiece el baile de horarios que impone la televisión (con el plácet de los clubes y la LFP). Aprovechando esta txanpa inaugural, también se han vuelto a escuchar infundadas previsiones sobre los puntos adicionales que el equipo va a cosechar por el mero hecho de que los espectadores estemos más cerca del terreno de juego. Y, en mi opinión, son excesivos los epítetos que halagan el nuevo campo; pensando a largo plazo, hubiera sido mejor haber demolido el viejo estadio y haber hecho una nueva instalación con un diseño idóneo. No es cuestión de hacer un listado de los defectos del nuevo campo, pero los tiene (y algunos son, además, bastante evidentes).

Ahora ha llegado el momento en que quienes han promovido la reforma de Anoeta están obligados a demostrar que la decisión ha sido la correcta en términos económicos. Para empezar, debe explicarse, con detalle y sin subterfugios, cuánto ha costado a la Real la remodelación de Anoeta. Para continuar, es imprescindible que los dirigentes del club expliquen a la sociedad guipuzcoana qué ha ocurrido durante la ejecución de las obras para que ELA, el sindicato de trabajadores más importante de Gipuzkoa, afirme que durante la remodelación se han defraudado 4,5 millones de euros en cotizaciones y salarios. Para finalizar (aunque debería haber sido lo primero), el Consejo de Administración de la Real Sociedad de Fútbol S.A.D. debe someter a consideración de sus accionistas el tiempo y la forma en que tiene previsto que se amortice la inversión realizada y los futuros beneficios económicos que se supone que va a generar para la entidad.

En mi opinión -y salvo que alguien rectifique a posteriori- la Real Sociedad ha perdido una ocasión histórica para tener un campo de fútbol de su propiedad (parece difícil imaginar que la época de vacas gordas del fútbol español se prolongue indefinidamente) y, de forma incomprensible, el Ayuntamiento de Donostia ha desperdiciado la oportunidad de obtener unos buenos ingresos (que le hubieran venido pintiparados para poner al día otros equipamientos deportivos) por una instalación que no aporta nada al patrimonio municipal ni al conjunto de la ciudadanía donostiarra. Pero si, además, no se demuestra, con toda transparencia y contundencia, que la inversión que ha hecho la Real Sociedad para remodelar Anoeta ha sido económicamente rentable y socialmente respetuosa, se habrá abierto un interrogante de confianza y fiabilidad sobre sus actuales dirigentes.

En el fútbol, cuando entra la pelotita, la gente asiste y se lo pasa bien en los partidos. Entonces, todo suele ir miel sobre hojuelas y nadie se entretiene en repasar las cuentas. Pero cuando llegan las malas rachas deportivas -que siempre llegan-, es mejor no tener ni siquiera sospechas de que pueda haber polvos -o lodos- bajo las alfombras, porque siempre salen a relucir en los peores momentos. Y de eso algo sabemos por estos lares.

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