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La Real Sociedad y los papeles de Panamáabril 2016

En la película “El secreto de sus ojos” se dice una frase antológica sobre una persona a la que andan buscando: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios... Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”. El acento argentino hace creíble que la pasión no pueda ser otra que ¡el equipo de fútbol

Sólo quien tiene pasión por sus colores futboleros está en condiciones de entender la vergüenza que uno experimenta cada vez que tiene que oír o leer el nombre de la Real Sociedad asociado a presuntos defraudadores de impuestos. Y la desagradable sensación de tener una pasión que ha hecho trampas no se atenúa porque la lista de los que aparecen en los papeles de Panamá sea cada día más larga y tortuosa ni porque la Real Sociedad esté pagando penitencia por sus culpas fiscales, apoquinando religiosamente euros a la Hacienda Foral de Gipuzkoa.


Para bien y para mal, no hay manera de librase de la historia. Quien tiene como pasión a la Real Sociedad seguro que asocia algunos buenos momentos de su vida a logros deportivos de su equipo del alma. Pero, a partir de ahora y para siempre, una faceta amarga de esos recuerdos estará ligada a los papeles de Panamá.

Ya se sabía que hubo algunos años en los cuales en la Real Sociedad se cometieron algunas tropelías. Pero, ingenuamente, algunos preferíamos pensar que, aunque tuvieran una relevancia económica importante y conllevaran un fraude al fisco por el que había que rendir cuentas, se trataba de actuaciones puntuales y llevadas a cabo en un ámbito más o menos doméstico. Sin embargo, los papeles de Panamá son la prueba inequívoca de que se trataba de una estrategia sofisticada, premeditada y perfectamente planificada, que levanta razonables sospechas acerca de que sólo se hiciera pensando que era lo mejor para la Real.

En la Real Sociedad han pasado cosas muy graves, que han hecho que la entidad haya estado en riesgo de desaparecer. No obstante, tras la travesía del desierto del proceso concursal, parecía que se podría pasar página pagando la correspondiente penitencia fiscal y, al tiempo, poniendo cabeza abajo el retrato de algún que otro antiguo administrador de la entidad. Pues no. Ahí están los papeles de Panamá para dejar constancia de que el asunto tuvo un larguísimo recorrido, que pasaba por aquellas latitudes y, a lo peor, también por algún otro célebre lugar que cualquier día de estos hace que nos vuelvan a salir los colores al ver de nuevo el nombre de la Real Sociedad en una lista de presuntos mangarranes.

Sin perder nunca de vista que la apuesta por la cantera siempre ha sido una seña de identidad arraigada en el entorno de la Real Sociedad, no cabe duda de que la afición de la Real siempre aspira a tener el mejor equipo posible. Sin embargo, una mayoría de esa afición nunca hubiera estado de acuerdo en utilizar formulas fraudulentas como las dejadas al descubierto en los papeles de Panamá para pagar remuneraciones a jugadores que, sin recurrir a estas triquiñuelas, hubieran quedado fuera de las posibilidades económicas de la entidad.

Probablemente casi todos los clubes de fútbol profesional con los que la Real Sociedad compite también han utilizado o utilizan, alguna o muchas veces, recursos pseudolegales o claramente ilícitos para que los propios clubes o sus jugadores paguen menos impuestos y, de esa forma, poder realizar fichajes más caros y, en teoría, mejores. La Real Sociedad nunca debió jugar a ese juego.

Pero, ya que no podemos librarnos del pasado y estamos condenados a seguir viendo y oyendo el nombre de la Real Sociedad entre los de personas y entidades que tienen o han tenido chanchullos en paraísos fiscales, debe aprovecharse la oportunidad para renovar el firme propósito de no volver a caer en el futuro en estos o similares errores. Y para ello no basta sólo con decir que no se va a hacer lo que no se debe, sino que es imprescindible, sobre todo, no alentar expectativas deportivas que lleven a pretender hacer fichajes cuyos costes estén por encima de las posibilidades económicas reales y sostenibles de la entidad. ¡Ni siquiera cuando lleguen los momentos -que siempre llegan- en que la pelotita no entre, se desate el canguelo o la frustración y se piense que, cueste lo que cueste, todo puede y debe arreglarse con nuevos y mejores fichajes!

Y aprovechando la desagradable estela dejada por los papeles de Panamá, no estaría de más que la Real Sociedad (que presume, con razón, de ser una de las sociedades anónimas deportivas con el capital social más repartido) se planteara implantar fórmulas que permitieran a sus accionistas una mayor participación en la elaboración de las estrategias de la entidad y un más eficaz control de su modus operandi que el que posibilitan las engorrosas y habitualmente poco participativas juntas generales de accionistas. Sería una buena forma de prevenir que en el futuro y a impulsos de nuevas corrientes provenientes de otros golfos diferentes al panameño pudieran llegar nuevas tempestades.

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