¡Oh deporte!  /  Pensando el deporte

La educación olímpica: una asignatura pendiente1992

2014

Este artículo fue publicado en la prensa local en el verano de 1992, en plena celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona. A día de hoy mantengo la opinión de que, a pesar de la densa nube de chalaneo y corrupción que rodea al Movimiento Olímpico y, en particular, a los miembros del COI, hay en el Olimpismo aspectos positivos. Una muestra: el desfilar orgulloso, en la inauguración de los últimos Juegos Olímpicos de Londres, de las deportistas olímpicas de algunos países que discriminan a las mujeres hasta extremos que, si no fueran trágicos, serían ridículos.


“El Deporte debe servir al desarrollo armonioso, tanto físico como moral, de los hombres y mujeres que lo practiquen. Debe estimularse la práctica de deportes en que los que compiten puedan entrenarse en igualdad de condiciones. No se fomentará la práctica de deportes en que la calidad del material empleado conceda ventaja a un deportista sobre otro”. Las anteriores afirmaciones parecerán a más de uno extraídas de algún manual sobre el deporte confeccionado por románticos moralistas, desconocedores y hasta enemigos de los grandes eventos del deporte espectáculo. Nada más lejos de la realidad: son ni más ni menos que retazos de la Carta Olímpica, el documento doctrinal del Olimpismo.

En estas fechas estamos inmersos en el mayor espectáculo del mundo: los Juegos Olímpicos. Todos los días nos impresionamos con los mejores deportistas y sus récords, con las grandes instalaciones, con las fastuosas ceremonias... Los medios de comunicación están llenos de información sobre las competiciones. El acontecimiento olímpico ha penetrado por unos días en nuestra vida y va a proporcionarnos, a buen seguro, unas cuantas proezas deportivas que llamarán la atención de las próximas generaciones. Pero, ¿nos van a llegar siquiera los ecos de los fines que persigue el Movimiento Olímpico?, ¿vamos a ser capaces de entresacar de la Carta Olímpica, esa gran desconocida, las directrices que inspiren nuestro deporte?

Es posible que el Movimiento Olímpico pueda ser criticado por quienes piensen que el deporte internacional debería ser regido por otras instancias y encauzarse a través de otros instrumentos de poder. Pero, dando al César lo que es del César, seamos capaces de reconocer, entre los récords y la publicidad, el mensaje olímpico, aunque a veces cueste hacerlo.

Ese mensaje olímpico, acuñado a lo largo del siglo XX que, por encima de ideologías e intereses económicos, ha mantenido la igualdad de las personas y los países, no admitiendo discriminaciones por motivos religiosos, raciales o políticos. Ese mensaje olímpico que intenta alejarse de patriotismos trasnochados cuando nos recuerda que los Juegos Olímpicos son competiciones entre individuos y equipos, y no entre países; y que intenta dar al deporte el rango que se merece, propugnando el fomento de la cultura y de las artes, en el plano deportivo y en el olímpico.

Cuando veamos por la televisión a los héroes del estadio disfrutemos con ello y sepamos, al mismo tiempo, percibir el otro mensaje, el del Olimpismo, el que persigue "educar la juventud, mediante el deporte, en un espíritu de mejor comprensión recíproca y de amistad, contribuyendo así a la construcción de un mundo mejor y más pacífico".

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