¡Oh deporte!  /  Pensando el deporte

Medallistas olímpicas precocesjulio 2021

Hace décadas que se viene produciendo un ascenso imparable de la práctica de los deportes de deslizamiento, aquellos que, según la Wikipedia, consisten en “deslizarse sobre una superficie, con o sin ayuda de elementos adicionales”. Algunas de sus disciplinas son olímpicas desde hace tiempo, pero la entrada del surf y el skateboarding o monopatinaje en el programa de los Juegos Olímpicos de Tokio certifica el éxito indiscutible de este tipo de deportes entre los y las más jóvenes; a veces, quizás, demasiado jóvenes. Es el caso de las medallistas de la modalidad street de skateboarding: el oro ha sido para Momiji Nishiya, japonesa de 13 años, y la plata para la brasileña de la misma edad Rayssa Leal; a su lado, la medalla de bronce, la japonesa de 16 años Funa Nakayama resulta toda una veterana. Eso significa que, en 2020, sin pandemia de por medio, estas deportistas hubieran podido subir al podio con 12, 12 y 15 años respectivamente.


Aunque cueste creerlo, ha habido niñas y niños que han participado en Juegos Olímpicos y que han obtenido medallas todavía con menos edad. En efecto, en el reportaje Los medallistas olímpicos más jóvenes de la historia publicado en 2016, en la revista Forbes Life, Giselle Opallin señalaba que ya en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, celebrados en Atenas en 1896, en su única participación olímpica, el integrante del equipo griego de gimnasia Dimitrios Loundras obtuvo una medalla de bronce ¡con apenas diez años de edad! Hasta este año, las medallistas más precoces había sido las italianas Luigina Giavotti (11 años) e Ines Vercesi y Carla Marangoni (12 años), que consiguieron la plata en “gimnasia de mujeres” (sic), en los Juegos de 1926 celebrados en Berlín;  también con 12 años consiguió una medalla de bronce en natación la danesa Inge Sørensen, en los juegos de 1924 celebrados en París, en una época -que duró mucho tiempo- en la que se pensaba que la natación era un deporte en el que la precocidad era esencial para llegar a la cumbre.

El patinaje es una disciplina deportiva en la que prima la habilidad y el equilibrio sobre cualquier otra capacidad física. Pero está claro que competir en el más alto nivel, como son unos Juegos Olímpicos, no es un mero juego de niñas o de niños. Además, no se trata de una actividad exenta de riesgo, por mucho que los integrantes de la generación Z, a la que pertenecen Momiji (oro), Rayssa (plata) y Funa (bronce), tengan una capacidad de recuperarse de la ruptura de algún hueso -otra cosa son los aspectos psicológicos- que ya no tienen sus progenitores de la generación X

En esto de la edad mínima para que las criaturas hagan proezas (deportivas o de otra índole), siempre habrá madres y padres que consideren que su vástago es lo más de lo más desde su más tierna infancia y que, si resulta que alguno de ellos tiene de verdad condiciones para serlo, no tengan ninguna prevención ni inconveniente en apostar porque lo sean, incluso de forma prematura. Y la experiencia también muestra que entre las y los entrenadores/as es bastante sencillo encontrar quien esté dispuesto a seguir la metodología de quien proclamaba que los y las deportistas son como el contenido de una cesta de huevos que se tira contra la pared: los que no se rompen son los que pueden llegar a ser campeones/as.  

En el otro lado del deporte estamos quienes hace muchos años venimos defendiendo el derecho de los niños y las niñas a ser tratados como tales y no como presuntos aspirantes a deportistas de alto nivel. A este respecto, además de padres, madres y entrenadores/as que estén al cargo de niños o niñas que practiquen patinaje o cualquier otra disciplina deportiva, hay dirigentes deportivos, vinculados o no al olimpismo, que deberían reflexionar sobre la materia. ¿O van a esperar a que ocurra un percance grave, físico o de otra índole, con algún o alguna menor de edad que tome parte en una competición deportiva de máximo nivel para tomarse el tema en serio?

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