¡Oh deporte!  /  Pensando el deporte

¡OH DEPORTE!julio 2020

“En una enumeración de los grandes temas de nuestro tiempo no podría faltar el deporte. Junto a la crisis y alternativas de la energía, la contaminación, la tecnorobotización, la imparable carrera de armamentos y la no menos imparable y creciente desigualdad económica y cultural de los pueblos, los avances científicos de la ingeniería genética, la biología molecular, la telemática, la carrera espacial, etc., habría que colocar el deporte. No porque haya de situarse entre los quehaceres más importantes del hombre… sino porque verdaderamente es uno de los sucesos representativos de nuestra época.”


Con estas palabras José M. Cagigal inicia su libro ¡OH DEPORTE! (ANATOMÍA DE UN GIGANTE) (Miñón, 1981), de obligada lectura para quienes quieran analizar el deporte desde una óptica que trascienda la versión anecdótica del mismo que cada día ocupa ingentes espacios en los medios de comunicación. En homenaje a este autor, la expresión ¡OH DEPORTE! encabeza la recopilación de textos -pasados y futuros- escritos en una etapa de mi vida que comenzó en 1984, y uno de cuyos primeros hitos fue leer las obras de Cagigal a las que tuve acceso. 

En la introducción de su libro, el autor recuerda que la paternidad de la demasiado simplificadora exclamación “Oh deporte… tú eres la paz” corresponde al barón de Coubertin, el hombre que impulsó lo que en la actualidad es el más grande evento deportivo mundial: los Juegos Olímpicos. El olimpismo inicial -enraizado en un romántico desiderátum de virtudes humanísticas y sociales, pero inequívocamente revestido de una vocación aristocrática y elitista- se convierte en el fenómeno que es hoy en día de la mano de Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olímpico Internacional entre 1980 y 2001 (quien, no por casualidad, es quien suscribe el prólogo del libro). Un fenómeno controvertido y criticable -sobre todo por los innumerables escándalos de corrupción que lo rodean-, pero de una relevancia social indiscutible.

A pesar de la gran brecha, tanto política y social como de valoración de las estructuras organizativas y rectoras del deporte, que me separa de ellos, hay que reconocer su influencia y su valía personal. En particular, debo subrayar que los textos sobre deporte que he escrito no serían los mismos sin haber leído las obras de Cagigal, como parte sustancial de mi formación en la materia. Tampoco mi itinerario profesional en el deporte hubiera sido igual sin haber tenido en cuenta la afirmación siguiente, tantas veces evocada: “Una organización deportiva bien aplicada a los requerimientos de la sociedad y a las necesidades humanas de su tiempo es altamente provechosa. Pero una organización estructurada a partir de fines desfasados, de tópicos faltos de confrontación rigurosa, puede resultar nefasta para la sociedad de su tiempo” (Cultura intelectual y cultura física; Buenos Aires; Kapeluz, 1979). 

Según decía el propio Cagigal, en un diagnóstico que, a mi juicio, sigue vigente: “El drama actual del deporte es que los estudios serios que sobre él se hacen no son conocidos, no ya por la masa de aficionados, sino por la gran mayoría de informadores, ni siquiera por los dirigentes deportivos ni políticos responsables. Aquí la ignorancia no se queda en la masa sino que invade esferas de altos responsables. (Prensa Española Magisterio Español, 1975). Mi esperanza es que los textos sobre deporte recogidos en elblogdejga puedan ayudar a los que huyen de la ignorancia y buscan el conocimiento.

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