¡Oh deporte!  /  Pensando el deporte

Reflexiones sobre deporte e inmigraciónnoviembre 2015

Es obvio que para promover el deporte entre quienes integran un colectivo social, no es posible generalizar los objetivos específicos y las acciones concretas susceptibles de ser llevadas a cabo en un determinado ámbito de planificación deportiva. No obstante, hay algunas ideas que, a mi juicio, merecen ser tenidas en cuenta en la elaboración de las políticas públicas destinadas a favorecer el acceso al deporte de las personas inmigrantes, en un marco general de integración de estas personas en la sociedad de acogida.

En todo caso, las reflexiones sobre la mejora del acceso al deporte de ciertos grupos sociales -como es el caso de las personas inmigrantes- sólo adquieren pleno significado en ámbitos en que el Estado de bienestar no esté en riesgo de ser desmantelado, ya que, por lo general, una persona se interesa por hacer deporte cuando tiene garantizada una existencia mínimamente digna. Además, esas reflexiones sólo pueden servir para resolver problemas si la mediocridad manifiesta de algunos gestores públicos no ha dado al traste con las políticas públicas orientadas a promover el deporte.


Hay un doble motivo para pararse a pensar en cómo enfocar adecuadamente la promoción del deporte entre las personas inmigrantes: uno, la existencia de indicios razonables de que quienes integran este grupo social encuentran mayores dificultades para hacer deporte que la población autóctona; dos, muchas de las iniciativas que se han tomado al respecto no se corresponden con una forma de entender el deporte propia de una sociedad económicamente y socialmente desarrollada.

Al reflexionar sobre cualquier política deportiva, lo primero que hay que poner en claro es que existe una errónea tendencia a considerar que el deporte es una especie de Bálsamo de Fierabrás, con capacidades intrínsecas para ser utilizado en la resolución de cualquier tipo de problema individual o social. Por ello, aunque sea una obviedad, es necesario afirmar categóricamente que desde el deporte no pueden resolverse la inmensa mayoría de los problemas que tienen las personas inmigrantes. Problemas que se han agravado desde que en 2008 comenzó la crisis y empeoró la situación de las personas más vulnerables de la sociedad, entre las que se encuentran muchos y muchas inmigrantes y, por ende, sus hijas e hijos.

No obstante, además de las bondades que la actividad física aporta a la salud y el bienestar de las personas, el deporte puede ser un elemento útil para propiciar la integración y la cohesión social, por lo que parece lógico que las administraciones públicas desarrollen planes para que el acceso del colectivo de inmigrantes a la práctica del deporte sea homologable al de las personas autóctonas.

En todo caso, la pertinencia de esos planes pasa por comprobar y cuantificar empíricamente en cada ámbito de planificación deportiva si, en los diferentes segmentos de población, el nivel de práctica deportiva está negativamente correlacionado con el hecho de que las personas sean inmigrantes o lo hayan sido uno o ambos de sus progenitores.

Hay que tener en cuenta que las barreras económicas (que, por supuesto, también afectan a las personas autóctonas) no son las únicas que dificultan el acceso al deporte, ya que hay otros factores -en particular, los vinculados a la condición de ser mujer- que en ciertos grupos de inmigrantes pueden ser un inconveniente para acceder a la práctica deportiva. Tampoco hay que olvidarse de las vergonzosas discriminaciones asociadas a la propia reglamentación deportiva, como es el caso de las trabas que encuentran quienes no tienen la nacionalidad española para, por ejemplo, obtener licencia deportiva para jugar a fútbol.

En cualquier caso, dadas las secuelas que ha dejado la crisis y teniendo en cuenta la importante relación que el deporte tiene con la educación y la salud, a los efectos de planificar adecuadamente políticas deportivas para las personas inmigrantes y sus descendientes, es especialmente relevante que, previamente, se posibilite el acceso indiscriminado de esas personas a los servicios públicos de educación y salud.

Por otro lado, para aumentar las posibilidades de éxito de los planes destinados a equiparar el nivel de práctica deportiva de las poblaciones inmigrante y autóctona, es necesario tener en cuenta a las entidades públicas y privadas especializadas en la atención a inmigrantes. Estas entidades disponen de información interesante y tienen con los grupos de inmigrantes vínculos que pueden resultar útiles tanto para el diseño como para la ejecución de dichos planes.

Además, es conveniente que tanto las citadas entidades como las asociaciones que agrupan a inmigrantes estén bien informadas sobre el funcionamiento de las estructuras del deporte y sobre la forma adecuada de acceder a la oferta deportiva existente. Y, así mismo, esas entidades y asociaciones deben ser informadas acerca de la más que dudosa eficacia para promover una práctica deportiva homologable a la de la población autóctona que tienen ciertas actividades puntuales que han venido organizándose (como, por ejemplo, los torneos de fútbol entre “selecciones” de inmigrantes varones de diferentes países).

Una cuestión que debe ser tenida en cuenta por cualquiera que pretenda promover el deporte entre inmigrantes es que, aunque para programar actuaciones estratégicas o presupuestarias se considere a las personas inmigrantes y a sus hijas e hijos como parte integrante de un “colectivo”, en lo que respecta al acceso al deporte debe ser consideradas y, por tanto, tratadas como ciudadanos y ciudadanas individuales, que tienen derechos -y deberes- a título individual (que, por supuesto, no es competencia de la administración del deporte regular ni delimitar).

En el mismo sentido, hay que subrayar que la práctica deportiva no debe ser considerada una actividad sobre la que deben ponerse de manifiesto derechos colectivos que pudieran corresponder a grupos de inmigrantes. Y esto es así, sobre todo, porque en el ámbito deportivo ya existe una forma de expresión colectiva socialmente implantada y, en principio, de fácil acceso para cualquier grupo social: el club deportivo.

En consecuencia, en lo que respecta a la práctica deportiva, cualquier aspiración de ámbito colectivo que pudiera tener un grupo integrado total o parcialmente por inmigrantes debe canalizarse a través de los clubes deportivos ya existentes o de nuevos clubes deportivos que estos grupos pudieran crear, por los mismos cauces y procedimientos que cualquier otro grupo de personas.

De acuerdo con este planteamiento, debe ser descartada como estrategia de la administración del deporte apoyar actividades colectivas que no correspondan a las propias de clubes deportivos, sin perjuicio del apoyo de diversa índole que pudieran recibir los individuos o grupos de inmigrantes para incorporarse a los clubes existentes o para constituir nuevos clubes o, incluso, para la promoción de nuevas prácticas deportivas no implantadas en el entorno.

Puede ser orientador señalar actividades que, con carácter general, NO deberían ser objeto de atención por parte de las administración públicas que pretendan promover el deporte entre las personas inmigrantes: una, aquellas que no vayan orientadas a lograr una práctica deportiva habitual y continuada; dos, las actividades puntuales de sensibilización o de índole reivindicativa que no estén incorporadas a un plan global de promoción de la actividad deportiva; tres, las acciones orientadas prioritariamente a la integración social y no a promover la práctica deportiva continuada.

En definitiva, la estrategia general de actuación de la administración del deporte para con las personas inmigrantes será básicamente la de posibilitar el acceso individual de estas personas a los servicios deportivos ofertados por las distintas entidades de su ámbito competencial en condiciones homologables a las de la población autóctona. En todo caso, cualquier actuación sobre la materia debe tener en cuenta la importancia del deporte en la edad escolar y, en consecuencia, incluir un plan específico para garantizar que no existe discriminación alguna en el acceso al deporte de los y las menores de edad de las familias de inmigrantes.

Otros textos de  'Pensando el deporte'

¿Quieres hacer algún
comentario sobre este texto?

Contacto
contacto





Información básica sobre protección de datos.

Responsable: Javier García Aranda.
Finalidad: gestionar la suscripción al blog y la comunicación entre el autor y el usuario o la usuaria; moderar los comentarios que se realicen sobre el contenido del blog.
Legitimación: consentimiento del interesado o interesada.
Destinatarios: no se cederán datos a terceros, salvo por obligación legal.
Derechos: acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos recogidos en la política de privacidad.