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Deporte para todofebrero 2016

Terminología deportiva diciembre 2015

En las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, como en cualquier disciplina que se precie, se ha ido elaborado una jerga propia. La terminología específica construida por los pensadores del gremio permite referirse de forma precisa a cada concepto y contribuye a hacer más rigurosos los tratados sobre la materia. Pero, al igual que ocurre en otros campos del conocimiento, el uso de esa terminología lleva a utilizar con reiteración ciertos términos o locuciones, para que el uso de sinónimos o de expresiones alternativas no de lugar a interpretaciones equívocas.

El que las palabras con las que se expresa una idea tengan un significado unívoco es un viejo problema de la ciencia y de la comunicación. Por ese motivo, cuando se escribe un texto académico, se redacta una disposición o se confecciona un informe técnico es necesario utilizar expresiones precisas, que generen la menor ambigüedad posible. Sin embargo, cuando lo que se trata es de expresar ideas a través de un instrumento de comunicación no especializado ni restringido a expertos en la materia, lo razonable es buscar un equilibrio entre el rigor terminológico y el evitar que los textos se conviertan en tablones difíciles de digerir.

Pensando el deporte pretende ser un contenedor de ideas, abierto al debate con profesionales o estudiosos de la Actividad Física y el Deporte, pero también un expositor de sugerencias para que cualquier persona interesada en el tema pueda formar sus propias opiniones. Por tanto, para tratar de evitar que los textos sean excesivamente espesos y que las inevitables reiteraciones sean demasiado largas, he optado por utilizar una terminología más popular que, en la medida de lo posible, aligere su redacción y los haga más accesibles.

En este apartado de terminología deportiva se incluyen comentarios acerca de términos o expresiones empleados, sobre todo, en textos de pensando el deporte para explicar su utilización y defender su pertinencia. En cualquier caso, todo queda abierto, por supuesto, a las sugerencias o las críticas de quien lo considere conveniente.


No es un error: a “todo” no le falta una “s” final. Tampoco se trata de dar una nueva interpretación a la popular y controvertida expresión “deporte para todos” (que prometo no utilizar jamás). El asunto es reivindicar el término deporte como el más adecuado para referirse genéricamente a todo lo que cualquier persona del pueblo llano entienda por hacer deporte, cualquiera que sea el contenido o la finalidad de la actividad que realice o a la que se refiera.

En el ámbito de las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, en lógica coherencia con el nombre con el que se identifica la disciplina, se predica la conveniencia de diferenciar entre actividad física y deporte. Sin embargo, cuando se pretende establecer definiciones precisas de estos términos, que limiten de forma inequívoca su contenido, la cuestión no suele resolverse de forma sencilla y clarificadora. Al respecto, he leído y tratado de entender sesudos e interminables análisis, que finalizan sin solventar definitivamente la cuestión.

En consecuencia, lo más sencillo y práctico es dar por buena la utilización del término deporte para referirse a todo aquello que hace una persona que se mueve con la intención subjetiva de hacer deporte. Aunque la denominación también vale si quien se mueve no lo hace demasiado, como, por ejemplo, el que juega a boccia desde su silla de ruedas o el que está inmerso en una partida de ajedrez (fantástica actividad intelectual, pero con la que no se hace más deporte que leyendo un libro emocionante o resolviendo problemas matemáticos).

Tras estas disquisiciones, la cuestión queda reducida a dilucidar si la opción de no utilizar la expresión actividad física para designar ciertas prácticas y, por tanto, utilizar para todo el término deporte induce a confusión o si, por el contrario, incluso contribuye a no liar el asunto. Y, para resolverlo, por aquello de la habitualmente feliz relación entre la salud y el deporte -entendido en su acepción más amplia, que aquí se reivindica-, viene a cuento la opinión que la Organización Mundial de la Salud tiene al respecto.

La OMS propone una definición bastante precisa de actividad física: “cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos, con el consiguiente consumo de energía”. Pero, desde el punto de vista terminológico, el asunto se remata malamente cuando se puntualiza que no debe confundirse actividad física con ejercicio físico, ya que este es una subcategoría (sic) de aquella. O sea, según la OMS, la actividad física abarca tanto el ejercicio físico como “las actividades realizadas al trabajar, jugar y viajar, las tareas domésticas y las actividades recreativas”.

Con este breve recorrido semántico por el ámbito de la salud, queda definitivamente poco claro que haya una opción -que sea sugerente- para distinguir nominalmente las diversas opciones que tienen las personas cuando se calzan las zapatillas deportivas y se visten de chándal o de alguna otra indumentaria ad hoc para dedicar un rato más o menos largo a lo que todo quisqui llama hacer deporte, que es una locución socialmente arraigada y utilizada por personas de toda edad y condición.

En realidad, cuando se va realmente al meollo de la cuestión, tanto la OMS como los que son expertos en lo que pasa en el cuerpo humano al hacer deporte clasifican las distintas actividades en función del nivel de consumo de energía que conlleva su realización. Y para ese viaje es evidente que no se necesitan polémicas terminológicas.

Por tanto, salvo que se pretenda acometer la ardua y probablemente ineficaz tarea de elaborar artificiales y nada concluyentes clasificaciones deportivo-administrativas, cabe concluir que, salvo mejor opinión al respecto, puede usarse para todo el término deporte.

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