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Dirigentes deportiv@s, pensantes y viceversajunio 2016

Terminología deportiva diciembre 2015

En las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, como en cualquier disciplina que se precie, se ha ido elaborado una jerga propia. La terminología específica construida por los pensadores del gremio permite referirse de forma precisa a cada concepto y contribuye a hacer más rigurosos los tratados sobre la materia. Pero, al igual que ocurre en otros campos del conocimiento, el uso de esa terminología lleva a utilizar con reiteración ciertos términos o locuciones, para que el uso de sinónimos o de expresiones alternativas no de lugar a interpretaciones equívocas.

El que las palabras con las que se expresa una idea tengan un significado unívoco es un viejo problema de la ciencia y de la comunicación. Por ese motivo, cuando se escribe un texto académico, se redacta una disposición o se confecciona un informe técnico es necesario utilizar expresiones precisas, que generen la menor ambigüedad posible. Sin embargo, cuando lo que se trata es de expresar ideas a través de un instrumento de comunicación no especializado ni restringido a expertos en la materia, lo razonable es buscar un equilibrio entre el rigor terminológico y el evitar que los textos se conviertan en tablones difíciles de digerir.

Pensando el deporte pretende ser un contenedor de ideas, abierto al debate con profesionales o estudiosos de la Actividad Física y el Deporte, pero también un expositor de sugerencias para que cualquier persona interesada en el tema pueda formar sus propias opiniones. Por tanto, para tratar de evitar que los textos sean excesivamente espesos y que las inevitables reiteraciones sean demasiado largas, he optado por utilizar una terminología más popular que, en la medida de lo posible, aligere su redacción y los haga más accesibles.

En este apartado de terminología deportiva se incluyen comentarios acerca de términos o expresiones empleados, sobre todo, en textos de pensando el deporte para explicar su utilización y defender su pertinencia. En cualquier caso, todo queda abierto, por supuesto, a las sugerencias o las críticas de quien lo considere conveniente.


Si, como diría Forrest Gump, dirigente es el que dirige, la expresión dirigente deportiv@ puede aplicarse a un extenso y variado elenco de personajes del deporte que llevan a cabo tareas como “encaminar la intención y las operaciones a determinado fin” o “gobernar, regir, dar reglas para el manejo de una dependencia, empresa o pretensión” u “orientar, guiar, aconsejar a quien realiza un trabajo”, que son algunas de las acepciones que la RAE ofrece para el término dirigir.

Siguiendo esta lógica forrestgumpiana, podrían ser consideradas dirigentes deportiv@s todas aquellas personas que, tanto en el ámbito público como en el privado, ejercen tareas de docencia, entrenamiento o dirección deportiva, se ocupan de la organización de cualquier evento o actividad deportiva o gestionan equipamientos o entidades deportivas.

Sin embargo, hay cierta tradición en el deporte, más restrictiva, que establece que la consideración de dirigente deportiv@ sólo es aplicable a personas que realizan funciones de director o gerente de una institución o entidad deportiva, las cuales habitualmente ocupan un cargo cuya denominación lleva incluido explícitamente dicho rango. La relación entre el nombre del puesto que se ocupa y el reconocimiento como dirigente deportiv@ es especialmente rimbombante en las administraciones públicas, que suelen utilizar para ello el correspondiente boletín oficial.

En mi opinión, al margen de la capacidad formal de tomar decisiones (que suele tener adjudicada casi en exclusiva quien ostenta la condición de director o gerente), hay un elemento clave para concluir que una persona ejerce realmente funciones de dirección deportiva y que, por tanto, puede ser denominada dirigente deportiv@ con propiedad: ser un/a pensante.

Pensar es una actividad intrínseca de la condición humana. Pero, si convenimos que en el deporte una persona es un/a pensante si y sólo si piensa habitualmente en el por qué y en el para qué de las políticas o estrategias que se aplican en el deporte, la cosa tiene su intríngulis. Entre otras razones, porque hay sospechas fundadas de que una parte relevante de quienes ejercen nominalmente como dirigentes deportiv@s dedican un porcentaje irrelevante de su tiempo a estas tareas deliberativas.

Una vez establecido que se es realmente un/a dirigente deportiv@ si y sólo si se es un/a pensante (aunque sea más un desiderátum que el corolario de una argumentación irrefutable), sólo queda preguntarse si se puede hacer la afirmación a la inversa: ¿una persona que piensa habitualmente en el por qué y el para qué de las políticas o estrategias del deporte debe ser considerada un/a dirigente deportiv@? Mi percepción es que no; porque, si fuera de otra forma, se sabría.

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