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El deporte de cultivar el músculofebrero 2019

Tocata y fuga

Quienes saben de música dicen que a menudo suele identificarse la tocata con el preludio porque ambas formas musicales se utilizan como introductorias de la fuga. Al parecer también cabe utilizar algunos de estos términos musicales para identificar los principales hitos de lo sucedido hace unos meses en un evento presuntamente deportivo. 

La tocata sería el aviso sotto voce de que el personal de la Agencia Vasca Antidopaje (AVA) estaba haciendo acto de presencia en un campeonato convocado por la IFBB-Euskadi, la sucursal vasca de la International Federation of BodyBuilding and Fitness (sic), con el propósito de realizar los pertinentes controles.

Perfectamente identificada está La fuga de culturistas ante un control antidoping, título del reportaje publicado en Eldiario.es (15/10/2018) por la periodista Alba Díaz de Sarralde. En dicho reportaje se describe como, poco antes de empezar la anteriormente citada competición, la mayoría de los muy musculados deportistas (no especifica si había señoras, aunque podría haberlas habido) tomaron las de Villadiego. Tal fue la magnitud de la fuga que el evento tuvo que ser suspendido. 

El preludio de lo acontecido fue difundido posteriormente por la AVA. En un comunicado sobre lo ocurrido se explicaba que entre dicha agencia y la susodicha IFBB-Euskadi se había suscrito un acuerdo para realizar controles en las competiciones que tuvieran lugar en el ámbito de la Comunidad Autónoma del País Vasco. La agencia añadía un dato tan interesante como significativo: en una competición celebrada unos meses antes, de un total de doce participantes cinco habían dado positivo en una o más sustancias de entre las siguientes: anabolizantes, estimulantes, diuréticos y drogas sociales (sic). 

Dejando de lado las disquisiciones musicales, el asunto presenta al menos dos elementos para la reflexión: uno, como la propia AVA señala en su comunicado, la extendida sospecha de que hay un importante consumo de sustancias dopantes entre quienes practican el culturismo; dos, lo poco afortunado que resulta que la propia AVA utilice una terminología tan ambigua y poco rigurosa como drogas sociales para hacer referencia a sustancias dopantes.


Aun a riesgo de ser acusado de contar batallitas dignas del abuelo Cebolleta, no puedo escribir sobre el mundo de los gimnasios y no considerarme -¡todavía!- uno más de quienes asiduamente acuden a machacarse a dichas instalaciones. Y, siguiendo con la terminología más tradicional, para describir lo que suele hacerse en un gimnasio me gusta más la expresión hacer gimnasia (tanto como para haber calificado el contenido de la Tabla Garci como gimnasia clásica) que hablar de fitness. Esta palabrita y las que se utilizan para denominar sus diversas formas de práctica me parecen más propias de quienes dan más importancia a la magnesia que a la gimnasia.

Como asiduo de los gimnasios, no me caben muchas dudas acerca de que la gran mayoría de las personas que acuden a ellos a hacer gimnasia practican su actividad deportiva sin consumir sustancias dopantes para mejorar su rendimiento deportivo; o, mejor dicho, sin tomar más drogas que las que habitualmente consumen las personas que se dedican a sus quehaceres cotidianos, incluyan o no entre ellos el hacer deporte. Como decía en un viejo texto sobre la materia: Aquí casi todo el mundo va a tope. Y para ir a tope se las arregla como puede. Hay quien se forra a cafés; abundan los que atufan con el humo de sus cigarros; y, por supuesto, los hay que necesitan algo más fuerte. ¿Se imaginan el resultado de un control antidopaje a la entrada de un consejo de administración plagado de ejecutivos agresivos? ¿O a la salida de un acontecimiento social plagado de profesionales del glamour? ¿Intuyen el arsenal farmacológico de algunos políticos en el máximo fragor de una campaña electoral? ¿Nunca se han encontrado en su vida con una respetabilísima señora que para ponerse en marcha se toma unos “optalidones”? (El dopaje y la hipocresía).

En los gimnasios, una de las prácticas que suelen llevarse a cabo es hacer pesas o, en terminología más actual y correcta, realizar ejercicios de musculación. Se trata de una variante perfectamente integrada en la actividad propia de los gimnasios -es decir, hacer gimnasia- y, por tanto, a las personas que la realizan les son aplicables los anteriormente señalados criterios respecto al consumo de sustancias dopantes. 

En particular, hay algun@s asidu@s de los gimnasios que pasan de realizar, entre otros, ejercicios de musculación a poner el acento, sobre todo o casi exclusivamente, en el desarrollo de su musculatura. Y se convierten así en el reducido grupo que practica el culturismo, actividad que la RAE define como la “práctica de ejercicios gimnásticos encaminada al excesivo desarrollo de los músculos (en inglés se denomina bodybuilding, que recoge con mayor precisión el objetivo de su práctica). 

Hay una leyenda que insinúa que quienes practican el culturismo son sospechosos habituales de consumir sustancias dopantes. A decir verdad, no parece sencillo llegar a tener los cuerpos que exhiben sus practicantes sólo a base de machacarse y comer mucho arroz con pollo, pero bienaventurad@s sean quienes lo consiguen. Además, que quien esté libre del pecado de haber tomado alguna vez algo con la intención de mejorar su rendimiento físico o intelectual tire la primera piedra contra quienes han hecho del culturismo su deporte. Porque no me duelen prendas para calificar como hacer deporte lo que se practica en los gimnasios (ver los argumentos en Deporte para todo), incluido el cultivar el músculo con mayor o menor grado de contumacia.

Otra cosa es que haya quienes pretendan incluir esas actividades (que, a mi juicio, tienen un indiscutible valor deportivo para las personas que las practican) en el obsoleto molde de las federaciones deportivas y de sus campeonatos, para conseguir con ello cierta homologación deportiva y social. Porque es entonces cuando la sospecha sobre el consumo de sustancias dopantes pasa a ser una realidad basada en la evidencia, como atestiguan los datos hechos públicos por la Agencia Vasca Antidopaje a raíz de la fuga de culturistas que dio al traste con el campeonato promovido por la IFBB-Euskadi (sic). Ya que, aunque se trate de un único control y el número de participantes fuera reducido, la cifra de positivos (¡5 sobre un total de 12!), a pesar de su endeblez estadística, es significativa desde un punto de vista deportivo.

No obstante, no hay que descartar que, si se realizaran pruebas antidopaje a respetables ciudadan@s en otros ámbitos sociales, nos lleváramos sorpresas ante lo que mucha gente se mete en el cuerpo para hacer deporte o, simplemente, para andar por la vida. Y seguramente deberíamos aceptar que demasiadas personas toman sustancias dopantes. En todo caso, a la vista de los datos de la AVA, lo que ha quedado claro es que el pretendido deporte de cultivar el músculo está un poco más lejos de ser socialmente aceptado como tal.

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