¡Oh deporte!  /  Pensando el deporte  

Sobre ríos y fútboljulio 2018

Vieja respuesta

Hace años, un periodista deportivo al que considero honesto e inteligente (características no demasiado comunes en su especie), tuvo la ocurrencia de escribir un artículo en el que, entre otras cosas de cierta enjundia deportiva, hacía referencia a la forma en que el arriba firmante ejercía su profesión como empleado público (o, al menos, así fue como quise entenderlo). Por circunstancias que no vienen al caso decidí salir al paso de los argumentos del referido periodista.

Cualquiera que conozca los entresijos del deporte adivina que el fondo del asunto que el periodista pretendía abordar era si la administración pública está legitimada para regular el deporte o debe limitarse a acompañar -o sea, a financiar- las supuestamente buenas iniciativas que en materia deportiva surjan desde la sociedad civil (hay varios textos en Pensando el deporte en los que se recogen algunas de mis opiniones al respecto; en particular, sobre la iniciación deportiva).

He intentado, sin éxito, encontrar el artículo original que motivó esta vieja respuesta (al parecer, las hemerotecas digitales no van tal lejos en el tiempo); en consecuencia, he enmascarado en lo posible las referencias a dicho artículo y a su autor. En realidad, mi propósito es sólo recuperar un viejo texto que tiene más de reflexión vital que de análisis deportivo. Al menos eso es lo que a mí me parece.


Estimado XY: sólo hemos compartido unas cuantas horas de charla (sobre fútbol, por supuesto), pero me parece que tú también eres buena gente. La verdad es que cuando te referías a los técnicos de la DFG como “buena gente” me sentí aludido y me preocupé: ¿realmente se me nota tanto que me estoy haciendo mayor?, ¿tendrán razón mis hijos mayores cuando dicen que me estoy volviendo “light”? La preocupación dio paso a la perplejidad, pues tu siguiente comentario era que los técnicos de la DFG “...dedican demasiado tiempo a pensar y eso lleva a buscar problemas donde no los hay...”. Siento discrepar radicalmente contigo. Primero, porque pienso que los que nos dedicamos profesionalmente al deporte deberíamos dedicar mucho más tiempo a pensar y evitar que el día a día nos obligue, demasiadas veces, a que todo se resuelva en el corto plazo y a dar respuesta a los problemas a bote pronto. Segundo, porque dedicar “demasiado” tiempo a pensar sólo les ocurre a los indecisos y pusilánimes y, en lo que a mi persona concierne, no es el caso.

Personalmente, me gusta tan poco ponerle límites a la libertad que a veces hasta me siento un pelín reaccionario. Por eso, cuando hablas de “dejar los ríos ir al mar” me dan ganas de renunciar a ser funcionario, de hacerme un par de “piercings” y de dedicarme a predicar que nuestro barrio se transforme en comuna libertaria. Luego me acuerdo de que al campo -al menos por estos lares- hace tiempo que le pusimos puertas, de que el liberalismo deja a los más pobres sin protección, de que antes (no hace tanto) sólo hacían deporte los niños que eran suficientemente buenos como para ser del equipo del colegio... Y me vuelven a entrar ganas de analizar dónde estamos y a dónde vamos, de reflexionar sobre qué está a favor del progreso (sostenible, por supuesto) y qué es lo realmente reaccionario. Me entran ganas -ya lo siento- de seguir pensando.

Tú has tenido que renunciar a dudar sobre si querías fichar por el Bayern Munich o por el Barça (yo no hubiera tenido dudas: siempre he sido sólo de la Real). A todos nos ha pasado algo parecido. Pero déjame que siga pensando que los ríos pueden seguir yendo al mar, aunque previamente hayan pasado por presas y producido electricidad, y que la racionalidad y la correcta planificación de los recursos son compatibles con la libertad, las ilusiones y el mejor romanticismo. También en el fútbol.

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