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Fútbol en Nochevieja: todo por la selecciónagosto 2015

Es imposible opinar sobre lo que ocurre en el día a día del fútbol y no reincidir en lo que ya se haya dicho o escrito de mil y una formas en cientos de páginas de prensa y decenas de horas de radio y televisión. A estas alturas todo quisqui sabe que habrá partidos de fútbol en la Nochevieja de 2015 y conoce los pormenores del asunto.

No tiene mayor interés que los millonarios prematuros tengan que “trabajar” en la despedida del año, ni causa excesiva sorpresa que la iniciativa haya partido de la Asociación de Futbolistas Españoles, pseudosindicato pintoresco donde los haya. Lo que llega al alma futbolera es que, al parecer, el motivo del cambio de calendario es defender los intereses de la selección (sic). Y eso sí merece una reflexión, porque el asunto hiede.


Entre los eventos más apreciados por los consumidores de espectáculos deportivos se encuentran los partidos entre selecciones nacionales de fútbol. Sobre todo si tienen lugar en un contexto en el que está en juego algún título, es decir, en los campeonatos organizados en el ámbito mundial por la FIFA y en el ámbito europeo por la UEFA.

Llamar selecciones nacionales a los equipos que compiten en esos campeonatos no es una cuestión menor, sino la forma de garantizar que la ciudadanía de cada país identifique como su equipo al formado por jugadores de su misma nacionalidad. Sin embargo, ni la ciudadanía de un país ni sus representantes electos pueden tomar decisión alguna sobre la selección nacional (supondremos que se trata de un país democrático; si no lo fuera, las cosas podrían ser todavía mucho peores). La razón es que, en puridad, el equipo no representa al país, sino a su federación de fútbol.

En el caso concreto de la selección española de fútbol, este equipo representa en las competiciones internacionales a la Federación Española de Fútbol y -en esto radica el quid de la cuestión- esta entidad actúa, a todos los efectos, como si el equipo fuera de su propiedad.

Por otro lado, aunque digan que los calendarios de competición de las selecciones nacionales están confeccionados teniendo en cuenta los intereses de los clubes, de los futbolistas o hasta de los aficionados, la experiencia dice que son fijados por la UEFA y la FIFA según su arbitraria conveniencia. En todo caso, cada federación de fútbol tendrá reservadas unas fechas para que “suselección nacional entrene y juegue partidos amistosos, tanto aquellos que sean mínimamente serios como algunos impresentables bolos organizados para hacer caja.

El que la Federación Española de Fútbol obtenga pingües beneficios de las actividades de “suselección nacional (al margen de lo que se lleven en especie los mandamases del tinglado y sus acólitos) es uno de los grandes escándalos del deporte español. Y es que esos ingresos son los que permiten a la susodicha federación chulear permanentemente al Gobierno del Estado (al actual, a los anteriores, y me temo que también a los siguientes).

Lo más flagrante del asunto es que quienes juegan en la selección nacional de la Federación Española de Fútbol son jugadores profesionales que tienen contrato en vigor con sus correspondientes clubes, que son las entidades a las que se deben profesionalmente. Unos clubes que, además de ser los paganos de las fichas de esos jugadores, deben encomendarse a la providencia deportiva para que sus jugadores -que son los activos más importantes de su entidad- no vuelvan de la selección habiendo contraído el temible virus FIFA-UEFA, que les deje en dique seco en un momento crucial de la temporada. El que recientemente se haya comenzado a compensar económicamente a los clubes porque sus jugadores vayan a la selección o a cubrir con pólizas de seguro las posibles bajas por lesión no es más que una nueva versión futbolera de la vieja estrategia gatopardista de intentar cambiar todo para que nada cambie.

No es de recibo que ni los gobiernos de los países democráticos ni las instituciones internacionales hayan sido capaces de poner freno al modus operandi de la FIFA y la UEFA. Y es un total despropósito que ni los gobiernos del Estado ni los clubes de fútbol profesional hayan conseguido acabar con el imperio de la Federación Española de Fútbol, sustentado en los ingresos que obtiene de “suselección nacional.

En mi opinión, la actividad de la selección española de fútbol no es sino una forma más en que los jugadores de los clubes de fútbol profesional generan espectáculo deportivo, que es a lo que esos jugadores y sus clubes se dedican. Por tanto (y sin olvidar que hay jugadores contratados por clubes extranjeros), deberían ser los propios clubes, a través de mecanismos ad hoc, los que decidieran qué jugadores integran la selección, en qué espectáculos participa dicho equipo, qué riesgos están dispuestos a correr con sus activos o cómo repartir los beneficios económicos. Y, por supuesto, son los clubes los que deberían valorar si sus decisiones al respecto satisfacen los intereses y aspiraciones de los aficionados al fútbol y de los seguidores de la selección nacional en particular.

Lo expuesto puede parecer excesivamente prosaico, pero el actual modelo no es más que falso romanticismo con el que los dinosaurios que manejan la Federación Española de Fútbol pretenden engatusar a la parte de la ciudadanía que se entusiasma con su selección nacional o, mejor dicho, con la selección nacional de la Federación Española de Fútbol.

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