Negro sobre blanco  /  Escritos de un sindicalista

¿Por qué lo llaman autónomo cuando quieren decir patrón?abril 2020

Hace unos años escribí que mi amigo J -el que sigue teniendo aspecto de leñador nórdico y que siempre ha tenido como referencia política a la socialdemocracia alemana- dice que recuerda una frase que escuchó a su amigo J -el que suscribe- cuando éramos unos veinteañeros tratando de encontrar nuestro sitio en la sociedad: “no hay conciencia de clase”. A decir verdad, no recuerdo haber pronunciado exactamente esa frase, aunque sí el contexto de aquella conversación.

Hacía poco que ambos habíamos acabado nuestros estudios universitarios. Me había iniciado en el mundo laboral como profesor y estaba inmerso en la militancia sindical; mi amigo es arquitecto y en aquel momento estaba pensando en cómo orientar su futuro profesional. La conversación nos llevó a reflexionar acerca de la diferencia que hay entre ser trabajador y ser empresario. No utilizábamos el término “trabajador” como sinónimo de “proletario”, sino para referirnos a cualquier “persona que tiene un trabajo retribuido” (que es lo que recoge el diccionario de la RAE), es decir, a quien trabaja por cuenta ajena y recibe un salario a cambio, tenga o no conciencia de pertenecer a la clase trabajadora. Tampoco “empresario” era para nosotros equivalente a “capitalista”; aunque quizás hubiera sido más preciso utilizar el término “patrón”, es decir, “persona que emplea trabajadores”.

No era una cuestión de ser trabajador vs no-trabajador ni, por supuesto, de ser explotado vs explotador; ni siquiera se trataba de aspirar a ganar un buen sueldo como lo opuesto a tener en mente hacerse rico aprovechándose del trabajo de otros. Y si hablamos de conciencia de clase fue, probablemente, para hacer referencia a la necesidad de ser conscientes de en qué lado de la línea había decidido estar cada uno en la vida de adultos inmersos en un mundo complejo y cambiante que iniciábamos.

Estar a uno u otro lado de la línea seguramente tenía diferente significado para cada uno de nosotros. Pero estábamos en plena transición política y, al poco, uno ejercería como representante sindical en la mesa del convenio colectivo de Oficinas y Despachos, y el otro pagaría a sus empleados los sueldos estipulados en aquel convenio. No se trataba de ser bueno y fiel a sus ideales o de ser malo y traidor a la clase trabajadora: solo de tomar conciencia de dónde iba a estar ubicado cada uno y qué implicaba aquello a la hora de posicionarse en el futuro ante las políticas públicas o el devenir de los asuntos sociales y económicos.


Cuando se tiene la visión del mundo -al menos del laboral- que corresponde a un sindicalista (como es mi caso), tener o no tener personas contratadas -ser o no ser patrón- es la línea que separa a quienes reivindican mejores condiciones de trabajo y a quienes saben que cuanto mejores condiciones de trabajo tengan sus empleadxs menos ganancia les queda. No siempre esta línea separa a personas con conciencia de pertenecer a clases sociales diferentes y todavía menos que consideren que esas clases sociales estén históricamente enfrentadas. Además, ni siquiera Karl Marx incluía en el mismo grupo a los grandes capitalistas burgueses y a quienes tenían algunas pocas personas empleadas a sueldo, con las que a menudo compartían sudores y quehaceres laborales (aunque, a la postre, las ganancias no fueran las mismas). Pero saber en qué lado de la línea se está es un referente elemental que sirve, cuando menos, para no andar diciendo que uno es trabajador (confundiendo el sustantivo con el adjetivo) cuando es patrón por la sencilla razón de que tiene personas contratadas, aunque sean unas pocas (o solo una).

Dar trabajo a otras personas es, en principio, una iniciativa loable (calificativo que depende en buena medida de las condiciones de trabajo que tengan las personas empleadas y del respeto con el que sean tratadas). Pero también hay opciones legales y organizativas (cooperativas, sociedades anónimas laborales...) para que quien sea una persona emprendedora pueda compartir su empresa con otras personas sin necesidad de convertirse en patrón. Y esa sí es una opción que tiene que ver con tener una u otra visión de la sociedad y de las relaciones de trabajo, que quizá se corresponde con tener o no conciencia de pertenecer a una u a otra clase social.

Es por eso que me desconcierta que -probablemente en un afán por eliminar de su discurso cualquier reconocimiento a la existencia de diferencias sociales vinculadas a la posición en el mercado de trabajo y/o al nivel de riqueza- haya quienes llamen “trabajadores autónomos” a quienes tienen contratadxs a “trabajadores por cuenta ajena” y que, a mi entender y según el propio diccionario de la RAE, son patrones o, si se prefiere, “pequeños patrones” (lo que en terminología habitual se denominan “pequeños empresarios”, aunque en este caso no hayan constituido formalmente una empresa).

No obstante, reconozco que quienes utilizan la terminología que me desconcierta se atienen a la ley, porque según el artículo 1 de la Ley 20/2007, de 11 de julio, del Estatuto del trabajo autónomo: “La presente Ley será de aplicación a las personas físicas que realicen de forma habitual, personal, directa, por cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona, una actividad económica o profesional a título lucrativo, den o no ocupación a trabajadores por cuenta ajena...”.

Sin embargo, hay veces que el asunto hasta me produce cierta desazón. Por ejemplo, en estos momentos de crisis total en que nos tiene sumidos el puñetero coronavirus, algunxs meten en el mismo saco y reivindican similar protección social para quienes son “trabajadores autónomos” en el sentido más genuino de la expresión (es decir, quienes no dan ocupación a “trabajadores por cuenta ajena”) y a quienes son patrones (es decir, aquellxs que sí tienen empleadxs a su cargo). Lo cual no quiere decir que estxs últimxs no necesiten también ayudas para hacer frente a la crisis, aunque, en mi opinión, esas ayudas deberían ser específicas para su peculiar y, a mi juicio, poco clara situación en el mercado de trabajo (probablemente lo más lógico es que se homologaran a la que reciban los “pequeños empresarios”, que es lo que realmente son).

Dicho lo dicho, es evidente que me chirría la confusión entre trabajadorxs (sean autónomos/as o por cuenta ajena) y personas que probablemente también sean muy trabajadoras, pero que, desde mi punto de vista, son patrones. El motivo es el mismo que hace muchos años me llevó a hablar del asunto con mi amigo J -el que sigue teniendo aspecto de leñador nórdico y que siempre ha tenido como referencia política a la socialdemocracia alemana-. Lo voy a seguir llamando conciencia de clase.

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