Negro sobre blanco  /  Opinatorio

Jugando a policías y migrantesoctubre 2018

Los que fuimos niños hace muchos años jugábamos a policías y ladrones. En estos tiempos que corren, aunque la expresión suene cruel, a lo que se juega a ambos lados de la frontera que separa los estados español y francés es a policías y migrantes.


Un informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señala que: “No hay una definición canónica de “migración en tránsito”, un término por el que comúnmente se entiende la estancia temporal de los migrantes en uno o varios países, con objeto de llegar a otro destino definitivo”. Tomando como referencia este concepto, se ha hecho habitual la utilización del término migrante en tránsito para referirse, sobre todo, a las personas procedentes de África que recorren la península hasta llegar a la frontera francesa con la intención de pasar al país galo, bien para quedarse allí bien para tratar de llegar a otros países.

Muy posiblemente es la fórmula que utilizan las autoridades españolas con competencias en migración para referirse, con alivio, a quienes han llegado a España de forma irregular pero pretenden irse, cuanto antes, a otro país. La denominación también ha sido adoptada por los medios de comunicación y por las administraciones públicas que se ocupan de atender a personas desprotegidas o en riesgo de exclusión social. Obviamente, entre estas personas se encuentran l@s migrantes que llegan a Irún con la intención de pasar al otro lado de la frontera.

Es obvio que es@s migrantes en tránsito carecen de autorización expresa tanto para permanecer en España como para acceder a Francia (o a cualquier otro país de Europa). Y es también evidente que las autoridades españolas se comportan de facto como si les hubieran concedido un permiso tácito para que traten de pasar subrepticiamente a Francia, aunque, como es lógico, para ello no cuenten con la aquiescencia de las autoridades galas. La conclusión es que, en este lado de la frontera, en el juego que se traen con l@s migrantes, quienes desempeñan el rol de policías hacen la vista gorda.

La prueba de que todo quisqui sabe cómo va el juego es que las administraciones públicas vascas están ofertando sin ningún tipo de ambages servicios específicos para atender transitoriamente a quienes llegan a Irún con la clara intención de pasar a Francia. Una versión ad hoc de albergue para peregrinos. Como si se tratara de un novedoso Camino de Santiago, que empieza en el África subsahariana y que lleva a cualquier sitio de Europa allende la frontera.

La segunda parte del juego con l@s migrantes corre a cargo de quienes desempeñan el papel de policías en la parte francesa. Nadie puede ser tan ingenuo como para poner en duda que conocen perfectamente que en este lado se está jugando al despiste. Y, cuando l@s migrantes aparecen por allá, si pueden, l@s capturan y, según dicen quienes han observado directamente cómo actúan, l@s devuelven de inmediato y sin contemplaciones. Tras estas devoluciones en caliente, l@s emigrantes en tránsito continúan su precaria estancia en Irún, hasta que encuentran la ocasión para realizar un nuevo intento de pasar la frontera.

No hace falta saberse al dedillo las leyes de extranjería española y francesa, ni haberse empapado de las disposiciones de la Unión Europea sobre migración, ni conocer al detalle lo que sobre los migrantes en tránsito dice la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para poder afirmar que, en el tenebroso juego descrito, tanto en una orilla del Bidasoa como en la otra, quienes tienen competencias en materia migratoria, cada cual a su manera, se pasan la Ley por el arco del triunfo (tanto disposiciones legales que reconocen derechos a l@s migrantes como normas que se los limitan).

La conclusión es evidente: la regulación de la migración vigente en los países miembros de la UE -juntos y por separado- no sólo es hipócrita, insolidaria e inconsistente, sino que ni siquiera quienes la promueven se la toman en serio. En resumen: una vergonzosa chapuza internacional, que, al menos por estos lares, lleva tiempo siendo escenificada como un triste y descorazonador juego de policías y migrantes.

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